17.3.08

El legado II


Me dijiste: “Los árboles son vividores pretéritos en otoño que en primavera camuflan su pasado con hojas verdes y, si son presumidos, con flores de cualquier color.” Me dijiste mientras acariciabas con tu mano la superficie de las hojas. Recuerdo como sentías a través del tacto lo que ellos te decían. Con que pasión defendías que los seres vivos más viejos del planeta eran capaces de transmitir, de escribir en el cielo los secretos del bosque, la biblioteca verde le pusiste.
Desde el balcón contemplo las ramas del álamo mecidas por el viento, parecen moverse al son de la música que en esos momentos suena por la calzada real. A lo lejos se divisa la silueta del trono abrirse paso entre niebla de incienso. La fe que mueve montañas, pero que también las despoja de vida. ¿Cuántos árboles soportan la cruz? Entre mis manos un frasquito de hierbas, como llamabas a tus libros. El aroma del romero que emerge de entre sus hojas se entremezcla con el olor que desprende el cirial nazareno. Ojalá pudiera retroceder en el tiempo y prestarte la atención que no te di cuando me contabas tantas historias sobre los árboles abuelo.
La procesión discurre calle abajo, cuando siento que algo me roza suavemente el oído. La luz de luna me permite descubrir que fue. La flor del álamo asoma tímidamente su esbelta figura y parece querer decirme algo.
Entonces comienzo a comprender, como si de aquellas madejas que tanto me costaba desenredar se tratase tu frase me va desvelando su misterio.
Bajo el balcón, la plaza de la alcazabilla, donde me llevabas de pequeño a darle migas a las palomas. Recuerdo que me contabas historias de los árboles y estaba distraído, fue cuando me dijiste “Cómo no me escuches, una flor de este árbol te hablará al oído y te asustarás, pero no la maltrates” Claro! La flor del álamo representa la lamentación, el temor ante un peligro inminente. Pero… puedo entender lo de lamentarme, de hecho hace un instante me lamentaba de no prestarte atención, pero lo del peligro…
En ese momento las nubes ocultaron la luna y el estruendo de unos rayos presagiaban la cercanía de la tormenta. Sobre la calle la procesión corría en busca de refugio y la lluvia terminó por dejarla desierta.
Aquel brusco cambio del clima me devolvió a la realidad, tenía una importante cena de negocios y me enojé bastante al ver la hora y maldije el tiempo perdido entre tantas leyendas e historias. El viento lanzó de nuevo la flor contra mi rostro y de un manotazo la aparté cayendo esta al suelo de la plaza.

Que razón tenías abuelo, como podéis comprobar nunca llegué a esa reunión. Al salir precipitadamente del portal pisé la flor y en ese instante ocupé el lugar del álamo con cuyas ramas os escribo esta historia, aguardando a que la primavera camufle mi aspecto y alguien se asome al balcón…
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Continuación de El legado
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8 comentarios:

Popi dijo...

Si ya me gustó la idea de los frascolibros, con el final apoteósico de esta continuación me has dejado maravillado, sobre todo por la sutilidad con la que transformas al ejecutivo en rama, como si la magia fuera la cosa más normal del mundo. Si todos pensarámos igual, el mundo sería... más mágico, fijo.
Un abrazo artista, y gracias boqueróooon!!!
P.D.- Pedazo de foto capullín!! Cuántas letras tiene ese árbol!!!

Xana dijo...

Precioso el giro...la brusquedad y el ritmo del mundo que nos rodea tiene ese "peligro" te puede volver árbol...

Ahora no voy a poder ver igual los árboles de esa plaza!! (vamos, ya antes no los podía verlos igual y ahora menos!!jaja! sobre todo cierta higuera..pero ese es otro cantar!)

Al menos el álamo podrá ver Estudiantes desde un lugar privilegiado!

Besines!

Jara dijo...

Me leí el legado I también que he de reconocer que no lo había hecho y esta vez he encontrado en tu escrito algo diferente a otras veces, como si hubiera un cambio en tu manera de relatar (al menos en esta vez).

Me ha llamado la atención, me ha gustado y creo que la foto que le acompaña más aún.

1 saludo y feliz semana santa por el sur

Mj dijo...

Tremendísimo final, killo, ¡me has dejado boquiabierta!En serio...que no se me ocurre nada más que decir. Aplausos y vítores para ti.

Amanda Pinkleton dijo...

Muy buena la reflexión esa de:"Claro! La flor del álamo representa la lamentación, el temor ante un peligro inminente. Pero… puedo entender lo de lamentarme, de hecho hace un instante me lamentaba de no prestarte atención, pero lo del peligro…-"
y grandioso el final!!!!
Un besino!

Klover dijo...

Desde luego muy en tu estilo (todo es muy en tu estilo jajajaja...faltaría más) menudo final más bien llevado (y sorprendente y gradual a la par)

Pasa muy buena semana santa...yo en breve me voy para Guadalajara

Un abrazo

мαяια dijo...

"...me enojé bastante al ver la hora y maldije el tiempo perdido entre tantas leyendas e historias". Pero poco le duró cabreo, hasta que se le abrieron los ojos y esas cosas... ;)

Me ha gustado mucho! Mil besotes y otros tantos aplausos!!

Io dijo...

Eres un narrador extraordinario.

He leído libros que, en su totalidad, no me han transmitido ni la cuarta parte de lo que expresas tú cuando escribes. Al empezar a leer me ha venido a la mente el olor de los cirios derretidos por las calles, y a continuación lo he leído en el relato. Me has transportado a ese momento desde el comienzo del relato.

El final es, sencillamente, genial. Una de esas genialidades tuyas a las que nunca acabaré de acostumbrarme. Pero esta historia da para mucho.

Quiero leerla, porfi, se que está en tu cabeza, pero la telepatía no se me da bien. Necesito que la escribas.

El Legado es una de esas historias bien contadas en la que me sumergería sin ningún esfuerzo.

Eres un gran escritor, Carlos, créetelo.

Mil besos!!!