21.6.14

Historias de una mesa (XV) Restauradores de magia


Lunes, día de recogida de muebles. Ella está en la basura…ha sido desterrada. Alguien ha decidido que ya no sirve para nada, que pesa demasiado, que no encaja, que no cumple su función… o, simplemente, que ya no hay lugar para ella en el mundo.
Él la mira, le conmueve su imagen, se le encoge un poco el alma…y, en secreto, la ama desde el primer momento.
Sacude y aparta los escombros que la aplastan, carga con ella escaleras arriba mientras se recrimina a sí mismo su actitud: “no tienes remedio”. Pero nunca se le dio bien quemar los barcos a la primera de cambio.
La limpia y  la barniza. Cojea un poco, así que coloca un papel doblado bajo una de las patas.
No conoce su pasado, pero le da un futuro, un hogar y, aun sin saberlo, un destino. Años después esa mesa se convierte en mi laboratorio particular, porque escribir, al fin y al cabo, es una especie de alquimia, una pócima capaz de mezclar el arte, la química, la física, la medicina, la astrología, el misticismo y lo espiritual….todo a la vez. Sostiene mis desvaríos y sujeta mi cabeza cuando la imaginación me sangra. Se enfrenta conmigo al insolente papel en blanco y al agotador gris de la incertidumbre. Ha demostrado ser inmune a ciertos tipos de desesperanza y eso la hace increíblemente fuerte, porque ha sobrevivido a lo más devastador: la realidad.
Es curioso cómo, ante algunos objetos, no logramos darnos por vencidos. Están tan llenos de luz que no podemos renunciar a luchar por ellos…
Con ciertos seres y ciertos sueños ocurre lo mismo.
[Gracias a todos los restauradores anónimos, por conservar parte de la Magia que contiene este mundo].
Los árboles aún la recuerdan, gritándoles para que le dejaran ver las estrellas. Rebelde en la búsqueda de la libertad y por las dificultades temida, es un canto a la audacia de soñar y un alma aristogática que desde los tejados contempla el mundo y estudia, y trabaja y estudia, y trabaja estudia y sueña con que nadie se quede sin un techo, pero que siempre haya un momento, un lugar, para ver las estrellas, para unir puntos 

5 comentarios:

Noelplebeyo dijo...

en ellas se crean mundo capaces de viajar por las estrellas

Favole Molpe la Musa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Favole Molpe la Musa dijo...

Un placer tejer relatos con vostro@s! Está quedando un bello tapiz de puntos luminosos...cada uno con su color y su brillo particular :) Feliz de haber participado en un proyecto tan bonito,y con personas con tanto don! Así da gusto :) Un fuerte abrazo!

Sombrerero dijo...

Toda obra de arte necesita instrumentos, toda historia necesita un sustento. Un enlace entre lo mágico, lo onírico, lo personal... y el mundo físico. Un transporte hacia otras personas. La posibilidad de compartir esos sueños.

La mano, la cabeza, el genio, la inspiración.. hace el resto, pero a menudo nos olvidamos de esas pequeñas cosas que hacen posible que existan las historias. Esa pluma a mano en un momento dado, evitando que una genialidad caiga en el olvido, la mesa que sujeta las pilas de libros y papeles previa y posteriormente rellenados de historias, pasiones y magia sobre su superfície de madera... O la propia piel, donde un número de teléfono escrito con bolígrafo acaba cambiando una vida para siempre.

Y sí, con ciertos seres, sueños, historias... pasa lo mismo.

Besos mil.

Ámote

Gliphe dijo...

Totalmente de acuerdo con Sombrerero. Desde que empezó esta saga de historias de una mesa, no puedo sino fijarme en los golpes que han recibido, y si las conozco, trato de recordar qué les pudo pasar.
Prestamos más atención a nuestros smartphones, ipad y demás elementos electrónicos que a aquellos que nos sirven de sustento, ya sea porque conformen nuestro lugar de trabajo, porque nos dén de comer, o porque mantengan vivas nuestra imaginación para crear nuevas historias.