17.6.14

Historias de una mesa (XIV) de cuyo secreto....

Ahí estaba, en el centro de mi salón. No sabía como había llegado hasta ahí, pero esa tarde cuando llegué de trabajar la caja me esperaba sobre la mesita. Cerrada a cal y canto, misteriosa y enigmática. Los nervios se habían apoderado de mi pensando que alguien se podía haber colado en mi casa y busqué hasta el último recoveco, pero no había nadie. ¿Entonces se habían metido solo para dejarme aquella caja? Y si era así ¿por qué?
Quizá la respuesta se hallase dentro, pero no tenía el valor suficiente para acercarme y abrirla. Tan extraña había sido su llegada que sólo imaginar lo que podía contener hacía que se me erizasen todos los pelos del cuerpo. Pero algo tenía que hacer, eso estaba claro, no podía dejarla allí hasta el fin de los días, por mucho reparo que me diese tocarla o moverla.
Me acerqué al mueble del salón y rebuscando en los cajones encontré un viejo abrecartas de plata que me habían dado como recuerdo de la boda de un amigo, pocas veces lo había utilizado, y pudiera ser que esta fuese una de las más memorables. Me acerqué a la caja con paso firme y decidido, aunque en mi pecho, mi corazón tocaba a ritmo de pasodoble...
Entonces un ruido y una pequeña sacudida me hicieron saltar y un grito se quedó ahogado en mi garganta. Provenían de la caja, podía verla como temblaba acompañada de unos leves sonidos como de chasquidos. Me fijé que en la parte superior tenía como un compartimento de documentos. Rápidamente me hice con ellos y los miré atentamente. Sin remitente ni nada que me ayudase a descifrar quien podía haberlo dejado allí. Se me heló la sangre al ver aquella palabra escrita en negrita: INSTRUCCIONES

-Abrir en presencia de otro adulto
-Bailar alrededor de la caja 5 veces antes de abrirla
-No dar de comer después de las 00.00
-No tumbar nunca
-Mantenerlo fuera del alcance de niños y gatos
-Alejar de cualquier fuente de calor
-No usarlo en el exterior
 
Y ahí estaba yo, frente a esa caja misteriosa tratando de decidir si abrirla o no…
Llegan del Atlántico borrascas y galernas, cruje la madera añeja del galeón que Neptuno sacude con fuerza. La ría frunce ceño, la compaña agita sus cadenas y el hórreo se tambalea, pero nada, ni el mismísimo Breogán pudo arrancarle a Alejandra, de su vida, el escribir. Va en ella, es una cuentacuentos, de las de antaño

4 comentarios:

Esther dijo...

¡Vaya! Me gustó mucho la historia. Lo que pasa es que me quedé con las ganas de saber qué había dentro. Por momentos pensé que era un gato, pero luego me di cuenta de que no. Me quedaré pensando a ver qué puede ser.

Ahora me pasaré en breve al hotmail.

Noelplebeyo dijo...

Tiene buena pinta

Mojada y que el caos se adueñe de la ciudad

Favole Molpe la Musa dijo...

Alejandra bien se merece pues un relato..y dos. No hay caja,ni tormenta,ni naufragio que pueda arrebatarnos los sueños...más bien al revés: el huracán de inspiración siempre vuelve de nuevo,cada vez más fuerte :) precioso relato! Me encanta compartir con tod@a vosotr@s este proyecto! Sois enormes! Un fuerte abrazo!

Favole Molpe la Musa dijo...

PD.Carlos,te adoro...qué ganas de,por fin, verte un día y poder darte un abrazo laaaargooo! Eres el mejor aristogático del universo! Voy camino de una huida y una desconexión,pero luego si puedo contestarte al mail! Gracias...por TODO. Pero sobretodo por permitir que seamos nosotros...sabiendo solo nosotros lo que eso significa ;)