2.4.10

Un autobús y retales de una noche

Los cirios trazan itinerarios de misterio en la madrugada, el eco de los tambores se adentra por la Alameda, mientras la luna sigue atenta desde su alfeizar de noche llena, los pasos de un sentimiento.
Restos de romero tratan de volar con la brisa marinera que surca un muelle ya sin gente. Al fondo un viejo autobús parece despedirse de la no menos vieja marquesina de poniente.Pero me di cuenta de que no era el único que asistía a tan peculiar encuentro. Había una mujer, cubierta por un impermeable de color rojo.
- Es la segunda vez que me topo hoy con el - Le dije tras recordar que esa misma mañana lo vi pasar remolcado por una grúa.
- Yo me he cruzado once años con el - Me respondió sin apartar la mirada de el.
- Ah ¿Eras la conductora? - Le pregunté.
- No, no - Dijo sin poder evitar sonreír.
- Tiene que guardar en su interior montones de historias el viejo Campanillas* -
- Ese autobús hizo posible la mia - Añadió. Parecía que contenía palabras que deseara compartir por lo que tras pausa de unos segundos le pregunté...
- ¿Quieres contármela ? -
- Gracias, tengo que marcharme ya -
- Sí es tarde ya, buenas noches - Le dije asumiendo que aquel momento terminaba aquí.
Pero no.
- Ehh... Espere - Me dijo cuando ya me alejaba de allí.
Lo que sucedió fue que tenía que llamar y no tenía suelto y si le podía cambiar un billete de 5€.
- Claro - Le dije mientras sacaba las monedas - ¿Entonces era tu padre quién conducía el autobús? - Pregunté de repente.
Sorprendida al principio pero sonriendo a continuación, dijo - Noo - sonrisas - parece que intentases adivinarlo -
- No, no, es que pensé... con esos años, una vida, bueno si no eras la conductora podría ser tu padre. Perdona, es que lo de la historia me dejó con la intriga. Toma 80, 95 y 5€ -
- No pasa nada. Muchas gracias. La historia no tiene que ver con quienes han conducido el Campanillas, sino con dos de sus pasajeros, él, un trabajador de Intelhorce* y yo, una costurera. Hacíamos el mismo trayecto siempre pero sin saber el uno del otro entre tantos que lo hacían. Un día coincidimos en uno de esos asientos de dos, yo con una bolsa de retales y él con un teluro, una especie de muestrario de tejidos. El resto imagínatelo, ahora es mi marido.
- Se cosieron dos corazones en ese autobús - Añadí.
- Hacía mucho que no sabía de el, pensé que ya descansaría en la cochera, y hoy once años después de aquél trayecto vuelvo a encontrármelo -
- Yo la segunda vez en un día - Le dije sonriendo.
Nos despedimos en aquel instante, seguramente no volveríamos a encontrarnos, pero aquél viejo autobús volvió a tejer una historia mas.

*Barrio malagueño.
*Fábrica textíl ya desaparecida situada en el Camino de Campanillas.
(-

19 comentarios:

Guernica dijo...

Caro Carlos, grazie per il tuo bellissimo commento :)

Ti auguro delle buone feste!

A presto, un bacio.

*Sechat* dijo...

Carlos:

Es una de las historias más románticas y dulces que has escrito nunca. Me encanta. Un abrazo.

P.D.: ¡Qué alegría que vuelvas a escribir!

Pupottina dijo...

Buona Pasqua anche a te
^________________^

Mary dijo...

Querido Carlos,
Los autobuses, trenes, tranvías y otros medios (aunque quitaremos, por ahora, la bicicleta) son testigos frecuentes de amores y desamores. Es como si en el movimiento existente en espacio y tiempo nuestras pieles se despegan del resto para dar lugar a un hueco, un vacío que hay que solucionar urgentemente, en movimiento, sin pensarlo más.

un besito

Yandros dijo...

Una historia preciosa Carlos, bien hilada, bien narrada tanto en el ambiente como en el diálogo.
Hay complicidad y romanticismo, nostalgia y melancolía...
Todo en pocas palabras, enhorabuena

Sara dijo...

Me encantó la primera vez que la leí y me sigue pareciendo fascinante la segunda... Quién hubiera vivido un momento así... ;)

Mer dijo...

Aquí se nota la huella del destino.

Abrazos.

Butterfly dijo...

Precioso, Carlos.
Un abrazo.

Metalsaurio dijo...

¿Suceden esas historias en la realidad? :)

Oski dijo...

Aquí estoy yo, meses después, volviendo como el viajero que regresa, me pierdo tantas cosas que pedir disculpas me parece ofensivo ya, en fin...

Las cosas que a simple vista parecen efímeras, encierran grandes historias. Puede ser un banco de un parque, un columpio vacío o un autobús...

Flipo con tu capacidad para transmitir tanto en tan poco espacio, te lo he dicho siempre y te lo repito ahora. Eres un auténtico genio de los microrrelatos y siento envidia sana. Algunos hacen poemarios, ¿por qué no haces tú un microrrelatario? ¿te lo has planteado alguna vez?

No usas la poesía, pero con la prosa eres capaz de transmitir tanto o más que el mejor de los poetas. Sigue así compañero.

Un abrazo.

Esther dijo...

:) Qué bonito. Es mágica la historia esa. Ojalá ocurrieran más a menudo. Es magia :)

Que te lo estés pasando genial.

Un saludito.

Paula dijo...

Esta historia me encanta. Es como un sueño, es magia. Es pura dulzura y sólo alguien como tú puede escribir algo así.
Ya no sé cuántas llevo, pero voy a volver a releerla :)

ÓNIX dijo...

Me gustan esas historias de amor que se dan de la nada... En lugares inusuales pero especiales...

¿¿¿Cuantos trenes, metros, aviones, autobuses... son cómplices de un amor naciente...???

Fascinada estoy de leerte tan romántico con esta entrada mágica que sin duda alguna, me encantó...

Besos Carlos...

Eria.. dijo...

Me hizo recordar a las historias del tren... esas que cada vez que he montado en uno tengo ganas de que me pasen.

Susana dijo...

Precioso relato, Carlos; como tantos y tantos otros....

Hacía tiempo que no comentaba (aunque paso de vez en cuando), pero hoy no he querido dejarlo pasar una vez más. Aquí queda un abrazote para ti.

Virginia Vadillo dijo...

Cuánto misterio y cuánto amor!!!
Una historia preciosa, me ha encantado!! :)

Mer dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mer dijo...

Extraño mucho tus historias.
¡Regresa!

:)

Abrazos.

AdR dijo...

Y aunque no lo describas a fondo puedo llegar a verlo, al autobús, con sus dos protagonistas dentro, y ver cómo la aguja y el hilo entrelazan ambos corazones.

Y luego me dices a mí que susurro sortilegios. Qué va :D

Maravillosa historia, y maravilloso tú, chaval.

Abrazos.