30.11.13

Historias de una mesa (VIII)

La sombra comenzó a deslizarse sobre ella. Estaba a punto de batir su récord aguantando la respiración. 
Amanecía y la persona, ajena a ello, se incorporó y abrió el cajón. La mesa, ahogándose, lo celebró con un gran grito de silencio y recibió la felicitación de las demás cosas quietas.

6 comentarios:

Noelplebeyo dijo...

menos mal que el tirador funcionó y no se empeño en aguantar la asfixia

Gliphe dijo...

Y la mesa regersa...jaja. ¡Me encanta la mesa! Menos mal que la sigues dejando vivir.

Metalsaurio dijo...

Genial cambiar un cajón por una boca. A partir de ahora me sentiré más acompañado en casa y les daré más oportunidades de comunicación a algún que otro mueble :)

¡Un abrazo!

Esther dijo...

Qué servicio hacen las mesas :)

Bona nit :)

favole dijo...

Me he quedado con ganas de saber que escondía la mesa...aún así deberían abrir su cajón más a menudo, seguro que se llevarían más de una sorpresa...y más de dos :)
¿Qué puedo decirte que no te haya dicho Carlos? Espero que regreses pronto a este lugar, porque es maravilloso... y además le tengo muchísimo aprecio, porque gracias a él te tengo en mi vida hoy por hoy niño...y eso no hay mesa que pueda guardarlo :)
Un beso más grande que el universo, y (como mínimo) igual de brillante que Venus. GRACIAS...GRACIAS por tantas cosas...Seguimos uniendo los puntos :)

Laia dijo...

Hay muchos microrrelatos acerca de Historia de una mesa, pero en cada uno de ellos percibo un tema totalmente distinto. Al no estar acostumbrada a leer este tipo de textos, me cuesta coger el trasfondo del mensaje, aunque eso no quiere decir que no tenga valor o peso literario. Es más, el sentimiento con que lo escribes dice más que lo propiamente dicho. Un saludo, Laia