18.4.11

Raices

La complicidad se asomaba a sus ojos, en su mirada un brillo travieso se reflejaba en el cristal de la ventana mientras apartaba los visillos, y allá, aun cubierto por la aurora el sol llegando tarde a despertarla. Porque siempre fue cómplice del alba, y al mismo tiempo comienzan el día. El camisón, burlón el, imita arrugas al levantarse, pero no le hace ni caso estirándolo con ambas manos y llevando con estás agua fresca y jabón a su rostro, que ante el espejo peina sus canas y con exquisita maestría en apenas dos movimientos ya tiene perfectamente ubicadas horquillas y peinillas. Del ropero coge sus prendas, negras sí, pero que adquieren vida nada mas vestirse con ellas. Debajo de las perchas dos cajas de zapatos, en una recuerdos, en la otra kilómetros y kilómetros de vida recorrida. Luego volverá por ellos, piensa, tras cerrar la puerta no sin antes alzarla un poquitín para que la vieja llave pueda girar bien.
Sus alpargatas sortean las baldosas inquietas del corredor a la par que va abriendo ventanales en su camino hasta la cocina, donde una vieja perola de hierro, color rojo ciruela, que descansa sobre el fogón de la hornilla, conserva aun el caldo del puchero a buen recaudo. Junto a ella, en el fogón pequeño calienta el casillo el agua hasta el punto en que cree idóneo para combinar con la cebada, mientras las rebanadas de pan se remojan en el aceite.
La voz de la portera llamando a sus gatos le hace asomarse a la ventana y de los cordeles del tendido coge una pinza para sujetar un billete el cual deja en el interior de una talega, y tras asegurar bien el nudo de la guita a la que está atada la desciende hacia el patio gritando - ¡Delfina! Cuarto y mitad de jureles y pescada para el enblanco! -
Ventila la casa y, ya sí, el sol penetra por cada balcón pillándola en el instante de reflexión, sentada junto a la mesa camilla, prestando atención al viejo Telefunken que no se lleva nada bien con la era digital, escucha las noticias sobre las culpas que de todo tienen los inmigrantes. En un mundo caótico mantiene la esperanza de que captemos el mensaje, porque la Historia podría repetirse. Habiendo nacido entre guerras muestra cada mañana su compromiso a ultranza por la alegría de vivir. Y cogiendo las llaves descorre el pestillo y sale de casa con la sencillez y la memoria de un alma viajera, tozuda en sus ideas y anónima en el trabajo, aguarda en la parada del autobús, con su gran bolso negro, en su interior, el monedero, un frasco de cristal y una balleta, las llaves, la cartilla, y sus fotos, sus raices, porque como siempre me decías, sin ellas no era nadie. Y caramelos, pero hace tiempo que le da corte darlos, no lo expresa pero en su interior le dolió que desconfiaran. Los sigue comprando en el kiosko, pero ya no hay niños para darlos.
En esto que llega su parada y no sin cuidado baja del bus y camina hacia la verja de hierro forjado. La caseta del portero sigue aun en pie, pero hace ya años que desapareció el último portero. Y desde el nicho te veo llegar abuela, con tu paso lento pero tan tierno como inquebrantable. Del frasco echas un poco del limpador sobre la balleta y limpias bien el mármol, dejando una nueva foto del album sobre el. Hoy, el día de mi cumple, ya me imaginaba que pondrías la de la tarta de chocolate. De alguna forma la complicidad siempre nos unió.

8 comentarios:

Noelplebeyo dijo...

felicidades por partida triple...por tu abuela, por tus relato y por ti mismo

es un relato q emociona, palabra a palabra

y se ve

Paula dijo...

Si vieras lo que me has emocionado! Es precioso. Por un momento me convertí en esa viejecita e iba siguiendo uno a uno sus pasos al ritmo de tus palabras. Me ha encantado el final, la emoción que he sentido refleja la grandiosidad de la historia.

Eres un genio, y esa cabecita tiene aún muchas historias que contar.
Estoy muy contenta de que hayas creado algo así.
Y querías que me fuera a dormir sin leerlo...
Un besazo.

Roc dijo...

Carlos esto no se hace... Estoy a moco tendido y con la cabeza llena de imágenes y olores que no puedo apartar de mi memoria. Son detalles de un tiempo que adoro y añoro cada día más y de personas que si que eran cómplices conmigo en todo, no sólo en la mirada...
Me encanta tu relato. Es el mejor que he leído de ti o al menos el que más me ha conmovido con diferencia...
No sabía yo que tú eras tan parecido en el fondo a mi y echas de menos tantas cosas que yo, conforme voy cumpliendo años, se acentúan y se van adueñando de mi presente.
tengo que ponerte una pega, porque si no, sería perfecto y quiero que te esfuerces en conmoverme muchas veces más. La pega es que te has comido la mitad de la frase.
Te confieso que como si te la quieres comer entera, pero sígueme hablando de los visillos, la mesa de camilla, la cómoda, los jureles, el viejo telefunken y de esa preciosa dama que tanto me recuerda a mi abuela.
Incluso no me importa que sea a su nieto al que le lleva fotos al cementerio, porque para nada me importaría morirme habiendo tenido una vida tan maravillosa y rica como he tenido la suerte de vivir.
Un abrazo muy fuerte.

Niobiña dijo...

Yo también tengo que decirte que me has hecho brotar las lágrimas. Un relato precioso y muy triste, pero en el fondo, como todos los tuyos, con una magia especial...

Por cierto, para la próxima fíjate en coger la frase completa.

Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

Susana dijo...

vengo cotilleando del blog de Popi, a "paso lento" seguire leyendo un ratito...un placer, Su

atenea dijo...

Un relato muy tuyo, porque siempre sabes sacar algo extraordinario de lo cotidiano, destacas detalles que muchos dejarían pasar de largo para construir una historia preciosa, aunque muy triste a la vez.

Además, tiene un giro final de los que me gustan a mí, así que esta semana te doy un 10 :) Sólo te lo bajo un poquito (a 9'5?? jeje) por lo que te dicen por ahí de haberte comido media frase ;)

Genial Carlos, porque los relatos que salen de tu cabeza siempre tienen un toque especial que nos hace emocionarnos. Dejo tu blog con una sonrisa, por la ternura que desprende la abuela protagonista, y con la lagrimilla asomando por el ojo, por lo triste de la historia.

Muuuua!!

*Sechat* dijo...

PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS...

Podría estar aplaudiendo eternamente por este grandioso relato que nos has regalado. ¿Ves como podías dar más de ti? Un abrazo ENORME.

BESOTES.

Esther dijo...

Me dejaste sorprendida con tu relato y tiene una verdadera capacidad de emocionar... Al final, siempre queda quien nos quería de verdad. Precioso. Estás en racha. Genio :)

Saluditos.