28.3.11

Sinfonía de especias

Hace un año por estas fechas, mas o menos, tuvo lugar una historia que una especia, o tal vez la magia de los momentos ;) me hizo recordar. Erase una una vez un autobús...


     
La casa se inundó de un olor a arroz con curry. Dio una propina al joven que aguarda en la puerta cerrándola a continuación. Un aroma de especias pincelan a Debussy por toda la estancia, en un extraño compás de silencios que llega a percibir. Sin buscar respuestas tan solo halla preguntas mientras observa el Paseo del muelle desde el balcón. Varios troncos huecos parecieran flautas canelas, las bitas señoriales oboes de pimienta negra, las amarillentas lonas que cubren mercancías danzarines sedas de azafrán, y el curry dibujaba indescriptible pentagrama sobre el arroz.
Al fondo un viejo autobús parece despedirse de la no menos vieja marquesina de poniente bajo aquel concierto de sabores. Entonces recordó que se había cruzado con el esa misma mañana cuando conducía por la Alameda y lo vio encadenado a una enorme grua. Probablemente aquella fuera su última noche antes de que la barcaza se lo llevase al desguace.
Alguna razón tendría para pasear a las tantas de la noche hasta el añejo autobús, pero nuevamente hallaba una pregunta mas que una respuesta cuando pudo distinguir a poca distancia que observándolo había una mujer, cubierta por un impermeable de color rojo.
- Es la segunda vez que me topo hoy con el - Le dijo tras recordar que esa misma mañana lo vi pasar remolcado por una grúa.
- Yo me he cruzado once años con el - Le respondió sin apartar la mirada de el.
- Ah ¿Eras la conductora? - Le pregunté.
- No, no - Dijo sin poder evitar sonreír.
- Tiene que guardar en su interior montones de historias -
- Ese autobús hizo posible la mia - Añadió. Parecía que contenía palabras que deseara compartir por lo que tras pausa de unos segundos le preguntó...
- ¿Quieres contármela ? -
- Gracias, tengo que marcharme ya -
- Sí es tarde ya, buenas noches - Le dijo asumiendo que aquel momento terminaba aquí.
Pero no.
- Ehh... Espere, casi se me olvida el por qué me acercaba a vd. tenía que llamar y no tenía suelto y si le podía cambiar un billete de 5€.
- Creo que, a ver... - Le dije mientras sacaba algunas monedas - ¿Entonces era tu padre quién conducía el autobús? - Pregunté de repente.
Sorprendida al principio pero sonriendo a continuación, dijo - Noo - sonrisas - parece que intentases adivinarlo -
- No, no, es que pensé... con esos años, una vida, bueno si no eras la conductora podría ser tu padre. Perdona, es que lo de la historia me dejó con la intriga. Toma 80, 95 y 5€ -
- No pasa nada. Muchas gracias. La historia no tiene que ver con quienes han conducido el Campanillas, sino con dos de sus pasajeros, él, un trabajador de la textil y yo, una costurera. Hacíamos el mismo trayecto siempre pero sin saber el uno del otro entre tantos que lo hacían. Un día coincidimos en uno de esos asientos de dos, yo con una bolsa de retales y él con un teluro, una especie de muestrario de tejidos de diferentes rojos y verdes. El resto imagínatelo.
- Se cosieron dos corazones en ese autobús - Añadió.
- Hacía mucho que no sabía de el y hoy once años después de aquél trayecto vuelvo a encontrármelo -
- Yo la segunda vez en un día -
- Toma, dicen que trae suerte - Y le dió una rama de romero.
Se despedieron en aquel instante, seguramente no volveríamos a encontrarnos, pero aquél viejo autobús volvió a tejer una historia mas.
Camino de casa sonrió, ya podía dirigir aquella sinfonía de especias con su batuta de romero.

24 comentarios:

Carlos dijo...

He intentado cambiar de tamaño la fuente :s sin éxito, apuesto a que por mi torpeza para ello, y el color...bueno ya véis, tampoco me deja, bueno al menos publicar sí :)

Paula dijo...

Qué buena mezcla de olores, y de sensaciones. Dos historias mágicas, la del autobús y la escrita por tí.

mmm qué biel huele! ;)

Paula dijo...

*bien huele :)

Hell dijo...

Impresionante, compañero.
El diálogo entre las dos personas. La historia entretejida entre telares y zurcidos, cosidos a los asientos contiguos de un autobús.
Las comparaciones extraordinarias que inundan por completo el primero de los párrafos en negro, como la pimienta del oboe.
Un estilazo, es lo que tienes.
Mis más sinceras felicitaciones.
Me ha gustado muchísimo.
Sigue así!!!

Un abrazo!!!

Hell.

Noelplebeyo dijo...

si es que escribes tan bien que da igual la fuente


las coincidencias siempre traen buenas sensaciones

Angelical dijo...

Palabras y olores cosidos al recuerdo,a la vida y a la chatarra. Pasado, presente y futuro formando costuras entre tus letras. Me encantó XD

Xaquelina dijo...

Preciosa historia, y a saber cuantas habrá por ahí esperando ser contadas y deseando ser oídas. Un beso. Me fascino tu escrito.

Mer González dijo...

Me recordó a las historias de Isabel Allende...por las especies y por el sonido del destino que se percibe en las palabras.

Abrazos.

P.D: Te he enviado algunos e-mails pero no sé si te llegan o no. Cambie de dirección de correo electrónico, quizás por eso, puede que no te lleguen.


Otro par de abrazos para ti.

:)

Roc dijo...

Mi historia de amor también se fraguó en un autobús, hace ya unos años.... Bastantes años... ¡¡Como pasa el tiempo de rápido!!!
Yo iba de pie comiendo unas avellanas recién tostadas, que me gustaba comprar a la salida del trabajo. Las comía como podía, pues con un brazo rodeaba la barra y con la otra iba cogiendo las deliciosas avellanas, que despertaban el apetito de todo los viajeros del autobús, por el olor que desprendían... En una de esas veces que aproveché la parada en el semáforo, calculé mal el tiempo, perdí el equilibrio y me senté encima del que hoy es mi marido. Me ayudó a recoger las avellanas y me cedió el asiento, mientras reíamos nosotros y todas las personas que esa tarde regresaban a casa. Hasta hoy jamás nos hemos vuelto a separar...
Por eso tu relato tiene también para mi un especial encanto y me ha envuelto en esos olores que tenía al lado del trabajo. Por un lado una tienda que hacía los caramelos de miel más deliciosos que he comido en mi vida y por el otro, el tueste de esas maravillosas avellanas que animaban el apetito de todos los que se encontraban en el centro de Sevilla.
Un abrazote fuerte.

Esther dijo...

Ya la habías puesto por aquí alguna otra vez, ¿no? Me sonaba. Bonita historia; no me importó leerla otra vez. Esas cosas ya no suceden hoy en día :(

Buen fin de semana para ti tb.

Esther dijo...

Y gracias por estar :)

Niobiña dijo...

Tus personajes casi siempre tienen un toque alegre que se termina contagiando y dejas al final de cada relato un buen sabor de boca, esta vez, con un ligero toque de romero...

Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

Jara dijo...

cuántas historias se coserán en todos esos lugares en los que hemos estado, con gente con la que nos hemos cruzado...Si lo pensaramos llenaríamos las carreteras del mundo de historias.

Me gusta Carlos. Tiene un aire incluso nostálgico.

un saludo

Emma Grandes dijo...

Un preciosa historia entre telares. Una gran conversación entre dos personas desconocidas hasta entonces. Y todo gracias a un autobús. ¡Y luego nos quejamos del transporte público ;D! Enhorabuena una vez más porque nunca defraudas y porque gracias a personas como tú, hay lectores como yo: emocionados.

Muxu haundi bat zuretzat ere bai! XD

atenea dijo...

Siempre nos sorprendes con relatos preciosos con los que nos podemos identificar por lo cotidiano de tus personajes, los lugares donde se desarrolla la historia... genial, Carlos :)

Me has hecho pensar en la cantidad de veces que he ido a tu querido Oviedo en autobús y en las conversaciones que han podido surgir en ellos.

Pues a Woody Allen no fui a verlo, pero ya me he paseado por el Niemeyer, a ver cuándo vienes a verlo jeje

Y ten más cuidado con el click, tengo de sobra para darte cuando los pierdes/rompes/destruyes... qué poco cuidadoso! xDDD cuando quieras te envío uno nuevo jajaja

Besos!!

wannea dijo...

Las mejores historias se tejen en los sitios más inesperados :)
bessos

Esther dijo...

La mejor foto es un día feliz :)

Qué precioso pensamiento. La verdad es que sí :)

Saluditos.

Metalsaurio dijo...

La especia necesaria para completar una bonita historia!

Un saludo!

Ana Pepinillo dijo...

Carlos, buenísimo, me ha encantado.

Eres muy bueno carlos, sigue, porque realmente me encantas.

Besos.

El mundo de Yas (Andrés) dijo...

Jelou Compañero...

Que bonita historia, son de esas que uno no se cree pero existen y tu como siempre la cuentas de una forma que me encanta.

Saludotes y abrazotes
Mundoyas.

AdR dijo...

Me voy después de quedarme unos minutos embriagado por el olor del romero y las especias que desprenden tu texto. Por eso y por las hebras de las telas que configuran el relato, hasta eso se puede distinguir.

El detalle del cambio de 5 es digno de genio para crear más ambiente.

Abrazos

*Sechat* dijo...

Al leerlo me quedo con la impresión de haberlo hecho con anterioridad ya, o quizá se deba a que en el fondo todos esperamos coser nuestro corazón al de otra persona. Hermosa historia.

Un abrazo.

carpediemdeando dijo...

Preciosa historia, precioso relato... Las palabras idóneas... Me encanta.

Me he emocionado con ese "Se cosieron dos corazones en ese autobús" pues para mí también son muy importantes dos personas que conocí en dos autobuses... y también otra persona muy especial que conocí en un avión, jeje.

Un abrazo muy fuerte y azul

Sara dijo...

Siempre me ha maravillado esta historia... =)

y ese autobús tan especial!