26.10.09

El Diario

Querido Diario... Su lectura le sumió en un profundo sueño.
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Esa tarde hice piarda y falté a clase, teníamos pelea con los del pasaje del Mercado y la cita era en la plaza. Me aprovisioné bien de almencinos y una buena caña. Hubiéramos ganado de no ser porque el Quique en lugar de soplar fuerte lo hizo hacia adentro y por poco se ahoga. El del puesto de cañadú avisó a los guardias al verlo en el suelo y tuvimos que salir corriendo de allí.
Llegué al portal justo cuando la portera dejaba los restos de pescado junto al escalón, sobre hojas de periódico. Los gatos darían buena cuenta de ellos. En ese momento Maite, la peluquera del primero cogía el correo del buzón. Era tan guapa. Como siempre, pude oír moverse el mirador de la puerta del bajo. Carmela, la portera, velaba por el buen orden. Subí los dos pisos corriendo. Echaban La bola de cristal y no me la quería perder. Llamé con prisas y abrió mi hermana. Se iba con su amiga a las teresianas, eso decía, pero al cruzarnos la mirada supe que iba al centro asturiano a verse con Iván. Un día la pillan. Mi madre estaba en la cocina limpiando la hornilla, mientras la lavaladora, como llamaba a aquel cacharro, no paraba de moverse haciendo un ruido infernal. Tras coger la merienda me asomé por la ventana al patio, a veces coincidía con que Maite recogía la ropa de los cordeles, no hubo suerte. Salí al corredor y escuché la voz de mi abuelo al fondo "Chútame!" Allí, haciendo de portero frente a la puerta del baño me retaba a que le tirase el balón. Aquel pasillo era nuestro particular campo de fútbol y menudos partidos echábamos. Sobre todo cuando eran contra las amigas de mis hermanas. Apunté bien y disparé. Lo paró...su rostro y lanzó mas de un improperio mientras mi abuela trataba de meterlo dentro del baño para darle con la esponja en la cara mientras con la mano me decía que corriera.
Con el vaso de colacao y la rebaná de aceite aun en las manos me escondí en la alacena del cuarto de estar y desde ahí pude ver el programa hasta que se sentó mi padre en su sillón y si mirar hacia mi dijo no se qué de deberes. Que suerte tenían los mayores, llegan a casa y podían hacer lo que quisieran. Salí de mi escondite y nada mas acceder al corredor recibí un balonazo en el cogote. Me las pagaría, esa noche volvería a hacerle la petaca en la cama. Mi madre hablaba y hablaba con la vecina y la portera por la ventana, mientras en su cuarto mi otra hermana, no sé lo que hacía porque tenía cerrada la puerta. El comedor, la otra portería del campo de fútbol, tenía dos de los siete balcones de la casa, y era otro escondite perfecto, porque las cortinas había que sumarle unos visillos enormes, pero antes unas puertas de madera tan altas como todas y luego la puerta de recuadros de cristal y por fin el balcón, que entre las macetas apenas podía asomarme, pero sí lanzar almecinas al vecino que menudos éramos.
Las nueve. Esta noche echaban Historias para no dormir. Siempre comíamos en el cuarto de estar y la telefunken tenía la voz quitada, pero la miraba de reojo por si esa noche... pero no, una vez mas los dichosos dos rombos aparecieron burlescos en la pantalla.
Y una vez mas pasábamos en casa de ellos. La historia que ponían se titulaba "El Diario".
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De repente desperté. Me había quedado dormido leyendo aquel viejo Diario. Bueno era hora de ponerse en marcha.
- Que extraño - Pensé - Aquella penumbra... De repente noté que me hallaba como encerrado entre paredes. Palpé el bolsillo con la mano buscando el movil cuando observé que lo que tenía ante mi eran dos puertas entreabiertas.
No podía ser.
Estaba dentro de la alacena de una casa que no existía ya. Pero lo mas escalofriante fue que vi a un niño con un colacao que entraba a esconderse.

18 comentarios:

Reithor dijo...

vaya trasto de niño... ¿fenómenos paranormales? Parece que es el palo que mejor se te da, viendo la serie que llevas ;)

Un abrazo

Ana dijo...

Pues me ha encantado...

Muchos besitos.

Anni_Dark_Sweet dijo...

La niñez, que época tan entrañable...Y la inocencia,adorada inocencia...Que pena que tan pronto salgamos del cascarón, (no siempre despacito y con buena letra)

Un besote y gracias por tu comentario, de verdad ^^ bsitos

dijo...

Buenísimo. Me pregunto qué pasaría si nos encontrásemos con nuestro yo del pasado... ¿Nos daríamos algún consejo, quizás?

Un beso.

Noelplebeyo dijo...

Aquellas escenas que duraran siempre y que en cualquier detalle, vuelven...

Saludos

*Sechat* dijo...

¿Por qué será que a todos nos ha dado por retroceder unos añitos con esta frase de Angelical? ¡Vaya líos en los que te metías!

AdR dijo...

:D Vaya tela, con una historia paranormal de por medio. Sospecho que algo autobiográfico hay por ahí...

Buen cuentacuentos que estás hecho.
Eso ya lo sabes.

Abrazos

Camaleona dijo...

Si leyera mis diarios de nuevo, moriría de aburrimiento... los escribí mientras me partía el corazón una y otra vez durante la adolescencia...

ANDREA dijo...

Nunca hay tiempos mejores que aquellos de la infancia, nunca habra un amor como el que encontramos en nuestra niñes, siempre se hecha de menos (y en mis recuerdos esta aun vivos), aquella niñez.

Un Saludo y hasta la Próxima

Virginia Vadillo dijo...

Es tan cotidiano... y rematado genial con ese final misterioso! :) Los niños es que siempre aparecen por ahí cuando menos te lo esperas!! XDD

Yandros dijo...

La forma de relatar me parece sublime. La voz del abuelo pidiendo que le chutara, entrañable. La visión de la realidad por parte del niño, demoledora.
Y el final apoteósico, dado mi debilidad por las paradojas temporales.
Sinceramente, mezclar los aromas, imágenes y sonidos del pasado puede resultar fácil.
Lo difícil es que el cóctel salga tan bien como este relato.
Me ha gustado mucho, un abrazo

pati dijo...

Con un cola-cao y unas tostadas con aceite de por medio es imposible no vivir este diario como algo propio... Ahora es mi hijo quien los toma y quién sabe, a lo mejor era él el que entraba en esa alacena de tu mente ;)

Tal es el poder de un Cuentacuentos.

Un beso :)

pS.: Mil gracias por tus felicitaciones, Carlos :)

Angelical dijo...

Me ha parecido delicioso y me ha servido para varias cosas:
1 Para aprender palabras nuevas: piarda, almencinos y cañadú. Imagino que serán vocablos locales y no los había oído nunca ;)
2. Para sonreir con nostalgia: la bola de cristal, la marca Telefunken y esos acotadores dos rombos XDD
3. Para flipar en colores con ese final...

Sara dijo...

Se vive más sabiendo lo que yo sé... ;)

Esther dijo...

Es extraño que al final acabara ahí... Será que su imaginación voló, como siempre lo hace la de su escritor, de manera fantástica.

Sí, detrás de las cortinas es un buen escondite. Ya no recuerdo cuándo lo utilicé ni por qué, ni cuándo pero, sé que un día lo hice.

Saluditos.

ANDREA dijo...

Cuando somos pequeños, nuestra imaginación es inagotable, pero a medida que vamos siendo mayores, nuesta imaginación se va mermando poco a poco. Pero aquellos que logran pasar de niño a adulto y sigue con esa imagiación, tiene un don muy preciado, y tú lo tienes aún, NO DEJES DE ESCRIBIR POR FAVOR.

Un Saludo y hasta la Próxima

Mary dijo...

¡Me he encantado! me ha transportado a aquellos tiempos en los que merendaba nocilla y en la casa había tanta vida. Enternecedor, Carlos.

Yo mientras tú chutabas, me peleaba con mi hermana y corríamos por la casa hasta que acabábamos exhaustas.

Un beso

Emma Grandes dijo...

Una sonsrisa nostálgica no ha podido evitar salir mientras te leía... La Bola de Cristal, Telefunken... Infancias perdidas en el tiempo pero almacenadas en nuestros recuerdos que con esta maravillosa frase han salido a la luz.
Trepidante final, sin duda!

P.D: A mí me gustaba más la rebanadas de pan con chocolate! XD