30.5.09

NY

Era frecuente la quietud con que los artistas callejeros realizaban sus números, pero el de aquel par de mimos llamó su atención.
Desde el banco en que se sentó observaba como posaban firmes, en ocasiones con los brazos en alto uniendo sus manos, otras con los brazos caídos pegados al cuerpo, sin seguir frecuencia de tiempo alguna, mas bien era un número caótico, que pasaba indiferente para los que en aquel momento transitaban por la calle.
Ella, la chica del banco, comenzó a dibujar las figuras que representaban los mimos en el sobre roto que instantes antes contenía la carta que había terminado de leer.

Aquellos dibujos... ¡Nueva York! Exclamó para sí nada mas ver el resultado. En ese momento vio como uno de los artistas hacía el gesto de abrir una puerta y el otro dirigiéndose a ella la invitaba a pasar.
Sonrió y aceptó tal invitación. Justo pensaba ya proseguir su marcha así que decidió seguir el juego. Se acercó y cruzó aquella puerta imaginaria dispuesta a seguir calle abajo cuando... se encontró de repente frente a la biblioteca Carnegie, entre la calle 42 con la 5ª Avenida. Se giró rápidamente pero solo pudo ver los inmensos edificios que la rodeaban.
Muy lejos de allí unos mimos recogían del suelo de la calle un sobre roto y vacío cuyo remitente y sello procedían de una misma ciudad, Nueva York.
continua Sara
La chica del banco caminaba por la Quinta Avenida rozando los gigantescos rascacielos con la punta de sus dedos, tratando de convencerse de que aquella historia era real y no un mal sueño. Los edificios eran firmes e inmensos, tal como los recordaba. Los neoyorkinos caminaban apresurados, con sus vasos de café humeante y su periódico enrollado bajo el brazo.

Parecían ajenos a aquella extraña magia que la había transportado al otro extremo de mundo en tan solo un instante.

Estoy a solo un paso de él, pensó. Tanteó sus bolsillos en busca del sobre pero ya no estaba allí. Solo le quedaba aquella carta cubierta de palabras que se clavaban en su alma con tan solo recordarlas. Antes de que una tímida lágrima descendiera de sus ojos, arrugó la carta con la mano y la arrojó con rabia a una papelera.
Puede que no supiera su dirección, pero le conocía lo suficiente como para poder encontrarle en cualquier lugar del mundo. Esta vez no le iba a resultar tan sencillo olvidarla.
continua Sechat
Nueva York no era un sitio fácil de olvidar, y ya que aquellos mimos callejeros le habían brindado con su inesperado espectáculo, viajar al lugar donde empezó todo, no iba a desperdiciar la ocasión. Consultó su reloj de muñeca y vio que con el cambio de hora, allí era sábado. Estando en la 5ª avenida como se encontraba, no podía por menos que aprovechar su cercanía al Central Park.
Era no sólo un sitio maravilloso para pasear, sino para favorecer los encuentros inesperados. Un lugar lleno de vida: con su pista de patinaje en invierno; sus conciertos, picnics y gente corriendo o andando en bici durante el verano. Un lugar inmejorable para disfrutar de la naturaleza y de la buena compañía. Por un momento los árboles no le parecieron los mismos que ella recordaba en ese lado del parque, pero fijándose un poco más distinguió a lo lejos el retorcido y precioso árbol tumbado que quedaba a unos metros del romántico puente de piedra.
Corrió hasta él temerosa de que se tratara de un sueño o de que los mimos la forzasen a regresar. Palpó el tronco de aquel generoso amigo verde que tanta compañía le había hecho, repitiendo el ritual que hizo sábado tras sábado durante los tres años que vivió allí de intercambio, y pidió con más intensidad que nunca que el tiempo se detuviera.
Volvió la vista hacia el puente y se sintió de nuevo como una de las protagonistas de las novelas de Jane Austen.
Pero algo en el puente hizo que temblase como una de las hojas amarillentas que cubrían el suelo otoñal bajo sus pies.
continua Dark_angel
El dulce transcurrir del lento riachuelo sobre el que pasaba aquel puente de piedra grisácea, pasó desapercibido a sus oídos, pues todos, y digo todos, sus sentidos estaban puestos en aquello que le había parecido intuir bajo el mismo. Temblando como estaba, aunque en su mente algo le decía que no podía ser cierto, se acercó tímidamente a la otra orilla para asomarse y ver mucho mejor aquello que brillaba allá abajo: Una pluma dorada reflejando los escasos rayos de sol que se filtraban entre los árboles.
La misma pluma que, posiblemente, escribió la carta que ella sostenía antes de llegar a la propia Nueva York. La misma que, con las letras de sus nombres, fue el regalo de despedida, de tan amarga despedida. El último regalo que le entregó a él, el último recuerdo juntos.
Con pena la recogió de entre la fina hierba y estudió su forma y color durante lo que pudo ser una eternidad, con lágrimas en los ojos que a cada segundo emborronaban lo que miraba.
Comenzó a caminar con paso lento, guardó la pluma en el bolsillo cogiendo un pañuelo donde enjugar sus saladas lágrimas. Llegó a uno de esos miles de bancos que hay en Central Park, todos iguales pero diferentes. Aquel “pertenecía” a unos tal “John & Sarah”, muy bien escrito sobre la madera con cualquier objeto puntiagudo a mano. La fecha que estaba debajo era la misma que antaño fuera el día más especial de su vida. Vaya, qué casualidad, pensó.
.
Mientras tanto observó como frente a ella un par de mimos callejeros actuaban simulando con sus gestos la presencia de una puerta que se abría, y la invitaban a pasar....
Historia escrita siguiendo la iniciativa de Cuentacuentos

14 comentarios:

loose dijo...

Tal vez siguiendo el rumbo que le indica su alma.

Bonito cuento.
Abrazos.

Anya dijo...

El final es el colofón ideal de una gran historia.
Un Abrazo!

AdR dijo...

Vaya, me apasiona NY. Escribo algo ambientado en ella. Bueno, escribo muchas cosas últimamente y ninguna.

Me dedico más a otras cosas.

Pero me estoy enredando en mí y vengo a decirte que me he enredado de veras en tus palabras y en las de Sara.

Me gustan los cadáveres exquisitos.

Abrazos y besos a repartir :)

Sureña dijo...

Olvidar que esta historia aún debe continuar es imposible, me imagino que tanto como olvidarla a ella.

Y perderse en los dos mundos que habéis creado bajo la misma base es fácil, muy fácil.

Un beso a ambos :)

Io dijo...

Qué bien escribes, Carlos!

Una historia con enorme encanto, magia, y un final de los tuyos.

A ver si en el futuro los viajes pudieran ser tan rápidos.

Imagina, te abro una puerta en el éter y estás frente a Notre Dame...

Un besazo!

Klover dijo...

Que cambiado tienes esto. La de tiempo que hacía que no me pasaba. ¿Todo bien?

*Sechat* dijo...

¡Qué cambio! Y que buena es la historia Ninive. Ojalá yo fuera tan original con mis relatos como tú con los tuyos. Estoy pendiente del desenlace, a ver qué se cuece...

Noelplebeyo dijo...

Este verano voy a NY y leeré esta historia antes de marcharme

saludos

Eria.. dijo...

El mundo está lleno de puertas... unas más magicas que otras. Besitos varios.

Anya dijo...

Dos paquetes sorpresa andan por ahí a ver quién los gana! Nominado! http://yremdil.blogspot.com

Mer dijo...

Si yo pudiese cruzar una puerta hecha por mimos y pasar a...
seguro que adivinas a donde iria.

Un abrazo.

Mer

Angelical dijo...

Enhorabuena a los cuatro. Todo un canto al romanticismo.

Laguernazelle dijo...

Muchisimas gracias... Y tus seis segundos pueden durar una eternidad.. No importa... :)

Susana dijo...

Sencillamente bonito.

Un fuerte abrazo.