2.3.09

Aromas de palabras

Era como dar un paseo por el tiempo sin utilizar ninguna máquina. La noche metamorfoseaba el azul en negro, cuando tras atravesar la Judería y los naranjos de Ibn Gabirol pude distinguir finalmente la casa.
Ajena al destino de los edificios colindantes presumía de conservar intacto su origen nazarí.
La noticia de su muerte me llegó lejos de la ciudad. Al poco tiempo recibí un extraño sobre por correo en cuyo interior iba una fotografía de la casa sobre la que había una dirección escrita y un pequeño texto firmado por mi abuelo, en donde me legaba toda su colección de frasquitos de hierbas, que amaba tanto como el amor que la fotografía representaba. Y junto a ella, una llave y multitud de diferentes hierbas de distintos colores y olores.
Sabía de lo sorprendente que fue siempre conmigo y en medio de la tristeza consiguió sacarme una sonrisa. Siempre lo hacía cuando peor me encontraba. Pero hacía tantos años ya de aquello. No me lo pensé dos veces y cogí el primer vuelo que me llevara de regreso al pasado.
Miré una vez más al llegar, la dirección que venía en el reverso de la nota. Ya me hubiera gustado que me legara aquella reliquia antes que el manojillo de hierbas. ¿Qué sentido podría tener aquel legado aparte del sentimental? Entonces sentí entre las hojas el tacto del frío metal de una pequeña llave. Tan pequeña que pude comprobar que toda ella cabía por el inmenso hueco de la cerradura.
En ese instante apareció quien debió ser el portero.
.- ¿Qué desea Vd.?
.- Buenas noches, intentaba abrir con

No me dejó terminar la frase interrumpiéndome –
Una llave demasiado pequeña ¿No?
.- Sí, así es
- Respondí perplejo
.-
Recibí instrucciones de su abuelo al respecto. Acompáñeme por favor.
Y le seguí atravesando el portalón cuyo suelo conservaba aún las huellas de los carruajes que debieron atravesarlo hasta el patio interior. Una vez allí me pidió la llave, la cual le entregué no exento de misterio y emoción a la vez ya que frente a nosotros no había más que un inmenso jazmín. El portero introdujo entre las ramas la llave y tras un brusco sonido, una pequeña puerta escondida tras la planta se abrió.
.-
Su legado Sr. El que su abuelo fuera ciego no le impidió conservar para Vd. el olor de las palabras y la visión del tiempo.
Intentando asimilar todo aquello, que parecía más bien sacado de una novela de misterio, dirigí la vista un instante hacia el interior de la estancia y en esa fracción de tiempo aquel misterioso personaje había desaparecido. Descarté ponerme a buscarlo, la emoción de conocer el contenido del legado me hizo atravesar la puerta y al hacerlo cerré tras de mi. Al fondo, justo enfrente un haz de luz dibujaba una línea de lo que parecían ser dos puertas. Efectivamente así era y tras conseguir abrirlas… ante mí, el teatro romano y la Alcazaba representaban la misma escena de amor que la fotografía reflejaba.
Fue en ese momento cuando la luz iluminó toda la estancia y pude ver que era una pequeña librería de estantes repletos de libros. Y al acercarme a coger uno, vi como de entre sus hojas sobresalían unas hierbas idénticas, del mismo color, del mismo olor. Y así con todos los demás libros iba sucediendo lo mismo.
Nunca quiso que la ceguera le alejara de ellos, tal vez no pudiera leerlos pero sabría siempre sus nombres.
Aquellos frasquitos de hierbas conservarían toda su esencia, el tiempo su magia y aquel jazmín su secreto.


Desde el balcón contemplo las ramas del álamo mecidas por el viento. Entre mis manos un frasquito de hierbas, como llamabas a tus libros. El aroma del romero emerge de entre sus hojas trazando invisibles contornos en la noche, cuando siento que algo me roza suavemente el oído. La luz de luna me permite descubrir que fue. La flor del álamo asoma tímidamente su esbelta figura y parece querer decirme algo.
Bajo el balcón, la plaza de la alcazabilla, donde me llevaba de pequeño a darle migas a las palomas. Recuerdo que me contaba historias de los árboles y estaba distraído. Fue cuando me dijo
“Cómo no me escuches, una flor de este árbol te hablará al oído y te asustarás, pero no la maltrates”
.- ¡Claro! – Caí en ese instante - La flor del álamo representa la lamentación, el temor ante un peligro inminente. Pero… que peligro…? -

Allí permanecí un buen rato tratando de descifrar aquel enigma.

En ese momento las nubes ocultaron la luna y el estruendo de unos rayos presagiaban la cercanía de una tormenta. Aquel brusco cambio del clima me devolvió a la realidad, tenía una importante cena de negocios y me enojé bastante al ver la hora y lamenté el tiempo perdido entre tantas leyendas e historias. El viento lanzó de nuevo la flor contra mi rostro y de un manotazo la aparté cayendo esta al suelo de la plaza.

¡Que razón tenías abuelo! Como podéis comprobar nunca llegué a esa reunión. Al marchar de allí precipitadamente pisé la flor y en ese instante ocupé el lugar del álamo con cuyas ramas os escribo esta historia, aguardando a que la primavera camufle mi aspecto y alguien se asome al balcón…


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Se trata de un relato que escribí hace tiempo y vuelvo a publicar dedicado a quien cree en la magia.

22 comentarios:

Nymphaea dijo...

Texto aromático que rezuma poesía =)
Sí, he vuelto... "On air" from Dublin from next Sunday! =)
Te mantendré informado.
¡Un beso, Ninivé!

Σ=o) Pau dijo...

Es precioso, es cálido, es tierno, es emocionante! Cada libro contiene historias de personas y ambientes con su propio aroma y que cuando nos falta un sentido otro se intensifica para que el corazón encuentre su camino, visible solo para ciertos ojos :)

Carlos, me has emocionado como no lo sabes, dices que lo hiciste hace tiempo pero al leerlo por primera vez parece que llegué a ronronear en el momento preciso pues llega de forma especialísima.

Mañana para mi, 2 de Marzo, hoy ya para ti, es el cumpleaños de mi abüelita que murió hace casi 8 años. Meses después de su muerte recibí de la mano de una tía algo de ella. Un libro que pertenecía a su hermana y que me quería mucho decía: Delia... y más abajo con puño y letra de ella escribió:"y de Paulita" El libro se llama herbario del mundo y de Chile...las coincidencias existen o hay magia en el sur... es magia ;)

Imprimo este cuento y lo guardo muy cerca mío pues si tenía que recordar a mi Güeli, tu me has dado un regalo maravilloso.Gracias!

un beso ronroneado y un enorme abrazo! ;)

Σ=o) Pau dijo...

pd: esa estantería de colores que esta aquí en Ninive son tus libros mezcla de hierbas y miel? ;) otro beso!

Sara dijo...

Es alucinante la capacidad que tienes para describir sensaciones con palabras... leerte es casi como estar dentro de tu historia.

;)

Io dijo...

Una historia intemporal, que puede ser exibida una y otra vez lo mismo que un cuadro impresionista.

Mil besos!!!

Noelplebeyo dijo...

Quisiera creer que es autobiográfica y que conservas todos esos recuerdos...y una princesa te liberó de tu aspecto arbóreo...o no

Saludos

Eria.. dijo...

Es precioso el cuento... que bien descrito too. Me ha encantado. Y ¿sabes? lo primero que hago cuando voy a empezar a leer un libro... es olerlo. Besitos varios.

*Sechat* dijo...

Como siempre espeluznantemente emotivo, mágico y bonito. Al ver la imagen de esa librería que está en la slide de tu blog, he creído que hablabas, en parte, de ella. Me voy con ganas de seguir viajando a otros mundos, de mano de tus palabras y tus fotos y colores. ¡Enhorabuena!

Sureña dijo...

Yo, al releerte, no puedo evitar pensar en las eras de las casas de nuestros abuelos... lo sabes no? :)

Cuídala ;)

Besos, con magia, por supuesto.

Gabriel B. dijo...

Una historia muy bien llevada, con una evocación permanente a los recuerdos. Muy interesante.

Saludos.

Niobiña dijo...

Anda!!! Se transformó en árbol!! También el abuelo fue un poco cabrito por no avisarlo de eso... Ainssss...

Muy bueno chiquillo! Como siempre que vengo a leerte...

Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

AdR dijo...

Yo creo en la magia, así que me considero homenajeado :P

Tu cuento, maravilloso, me ha recordado a los patios de naranjos y jazmines del pueblo de mi abuelo. Él nunca tuvo allí una casa, pero sí un legado familiar que rezuma entre calles empedradas.

Con olores, plantas, arbustos, árboles y flores, es un placer leerte, ya sea breve o inmenso, como este cuento.

Abrazos :)

Tormenta. dijo...

me encanta el título y todo lo que viene después.
lo he saboreado sin prisas y me encantó!
un besazo guapo.

Esther dijo...

¡Guauuu! ¡Qué relato más chulo!

Me gusta el misterio, te deja intrigado hasta el final, por eso me gustaba tb tanto la serie de El internado.

No me imagino cómo debe de ser ser un árbol: debe de ser duro, ahí, con el frío, la lluvia, luego el calor, los insectos...

Saluditos.

Camaleona dijo...

Alguien que cree en la magia se sentirá totalmente orgulloso de recibir este regalo.

pati dijo...

El olor de las palabras...

Carlos, eres único.
Creo que no hace falta decirte más.

Eso. Único.

Un beso :)

Mer dijo...

La vida es magia por todos lados,solo hay que saberla ver.

Yo quiero una máquina del tiempo! :)

Un abrazo.

Mer

Proyecto de Escritora dijo...

Es curioso como los olores en muchas ocasiones, nos hacen volver al pasado y rememorar sensaciones y recuerdos ququizás teníamos un rincón de la mente, algo olvidado.
No podemos olvidar nuestros orígenes y lo que nos han enseñado nuestros familiares.
Es muy bonito. Besos!

мαяια dijo...

¿Cómo voy a creer en la magia si se ha acabado la buena racha del Barça? ;)

Na... chorradas al margen, ahora mismo no creo en ella (ya sabes tú porqué...), ahora que si aparece Mary Poppins (o similares...) para echarme una mano, entonces volveré a creer, vaya que sí...

Sea como fuere, son las historias como esta las que te hacen pensar que es posible que la magia exista de verdad y también el volver a creer en ella...

P.D. Estoy casi 100% convencida de que recordaba esta historia de principio a fin, aunque claro... acabando de volver a leerla mis argumentos poco peso tienen ;)

Un besote!!!!!!!

synnove dijo...

Me gusta leerte, y cada texto es diferente, pero a la vez me dá una imagen de tí... me encantó cada detalle, casi podía imaginarme paseando por allí.

veinteañera dijo...

Me sigue encantando como la primera vez, son de esas cosas que no pierden, que si acaso con el tiempo ganan matices.

En esta nueva lectura me vino a la mente Walt Whitman con sus "Hojas de Hierba" -ese desastre infranqueable recopilado a lo largo de su vida, una masa compacta y frondosa de letras y más letras, pero deliciosa-

Yo hubiera deseado una herencia como esa, un aroma auténtico de palabras, es un legado vivo, más que un recuerdo.

Un beso

Antonia Romero dijo...

Pura sensibilidad, un relato repleto de olores y sensaciones. Si pudiésemos enfrascar los recuerdos, éste sería, sin duda, un perfecto candidato.

Grazie!