23.11.08

atracción fatal

A veces llegaban visitantes que afluían como restos de un naufragio llevados hasta aguas tranquilas. Pero aquella noche las únicas que afluían eran las estrellas. Había miles, millones. Siempre le gustó contemplarlas, cuando unas sombras cruzaron el espacio ocultándolas. Sintió en ocasiones la sospecha de que era la luna y no las nubes quien se mueve, pero esa noche resolvería por fin esa duda. Necesitaba un punto fijo, una chimenea valdría. Y las nubes acabaron por desaparecer, avergonzadas tras descubrir su treta.
Le gustaba observar el cielo desde el ventanal del museo. Era como una evasión de tantas y tantas obras de arte. De hecho se sentía privilegiada en aquel sitio. Podía sentir la noche como una inmensa pizarra con restos de tizas de sus sueños. Tras aquel cristal era como si el museo fuera el mundo exterior, un complicado arte de sonido, luz, colores y formas de sinfonía interminable.
Realmente disfrutaba de lo que hacía, por mucho que la confundieran con una mendiga, pero ella sabía que no lo era y eso le bastaba. Era una artista. Y además intrépida.
Aprovechando la jornada de puertas abiertas se había colado en el interior del museo y permaneció oculta hasta que una vez quedó vacío de visitantes y personal pudo salir de su escondite y lograr su máxima representación.
Una vez pudo montar su pequeño pedestal de madera revestida de pintura simulando mármol, lo situó en su lugar preferido, que había elegido los días previos en que como visitante accedía al museo preparando su plan.
Y éste estaba saliendo a la perfección.
Doró todo su cuerpo de pintura y se subió al pedestal. Amanecía y pronto admirarían su arte, su mayor representación en público.
Sentía una sensación de angustia mezclada con satisfacción y emoción cuando los primeros visitantes detuvieron ante ella. Poco a poco aquellos pasillos eran un torrente de gente, murmurando, tropezando, mascando chicles, indicando, señalando y la mayoría imaginando.
Le fue diría que imposible mantener su quietud cuando escuchaba comentarios obscenos o ignorantes ante lo que tenían delante. Y sin embargo su temple era admirable. Ni un pestañeo siquiera. Puedo decirles que las estatuas colindantes pareciera que el rosáceo de sus mármoles no fuera sino celos e ira ante tal demostración.
Atardecía. A través del ventanal pudo observar casi sin abrir los ojos como se acercaban entre sorprendidos y enojados, por seguramente llamada de atención del supervisor de sala, unos vigilantes. En ese instante decidió que era el momento de poner fin a su genial actuación y poner pies en el suelo y salir corriendo de allí.
Pero no podía moverse. Y parecía que aquella figura tembló cuando supo que la silueta que reflejaba el cristal no era sino ya una estatua.
Me sentí impotente, había querido avisarle nada más conocer sus intenciones, pero ¿Cómo iba a poder hablar una estatua?
Sin embargo pude escuchar su llanto. Ajena a la discusión que mantenía a sus pies el personal del museo sobre su procedencia, sintió mi percepción y les fui presentando a los que como ella ya formábamos parte de la colección de artistas convertidos en arte.

Lejos de allí, en el exterior del museo, sobre la acera una joven se pintaba gris su disfraz de hada. Comenzaba un nuevo día y esperaba buena recaudación al ser festivo. Sin percatarse de que desde la ventana del museo una estatua le miraba como queriéndole decir algo.

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Pequeño homenaje a todos los artistas que son estatuas vivas en nuestras calles

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11 comentarios:

Nébula dijo...

sobredosis de ternura en la forma de ver y de contar las cosas, eso es lo que tienes n_n

(lo que me he podido reir con lo de las mangas cortas jajajaja)


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Noelplebeyo dijo...

El arte está en las calles, en los museos y el arte está en los ojos que aprecian lo más cotidiano.

Felicidades

Nahuel dijo...

que seriamos sin el arte no? saludos, nahuel

Sureña dijo...

¿Estás seguro de que el homenaje es pequeño? :)

Una vez alguien dijo: "El arte vive en los museos, los artistas mueren en la calle"... y qué razón llevaba...

Va por ellos...

Besicos

Eria.. dijo...

Alaaaa que historia tan bonitaaaaa, fijo que voy a recordarla cuando me pare delante de algún artista en la calle...
Besitos varios.

Sara dijo...

Pues sí, nunca viene mal que alguien se acuerde de estas personas, para mí al menos, dan vida a las calles.

;)

pati dijo...

Yo soy de las que entra en los museos imaginando ;)

Bonito homenaje al ARTE. Así, sin más.

Besos :)

p.S.: Ojalá y mi mundo exterior fuese como ese museo que nos cuentas...

Oski dijo...

Aquí en Madrid la Plaza Mayor está llena de artistas que son estatuas vivas en la calle.

Nunca llegaré a comprender como son capaces de mantener la posición sin temblar ni pestañear...

Son un punto de inflexión entre la mundanal prisa de la ciudad y la calma y quietud que transmiten.

El ying del yang diría yo.

Un abrazo.

Dibújame una sonrisa... dijo...

Calle Larios en su máximo esplendor..que maravilla..
Chapeau..para ellos y por ti en plasmarlo!
Besines!

*Sechat* dijo...

Han desfilado por mis ojos las imágenes que tus palabras trazaban a golpe de frase. Un relato tierno y un sentido y maravilloso homenaje al arte. ¡Genial de verdad!

Malvi dijo...

Esto........ me ha gustado mogollón... de verdad. Una los ve, y sinceramente, con lo milindri que soy yo no podría quedarme quieta horas y horas... que va!... y los admiro, porque son arte... el arte hace sentir, igualmente los eetimientos y todo esoes arte, o no?

Saludos mil felicitaciones Carlillos, me ha encantado