20.2.12

Bajo el cielo de Paris

Quizá esté loco, lo sé, pero no había otra manera de conseguirlo, así que contraviniendo todas las normas y rompiendo la armonía de un paisaje programado en su más mínimo detalle, quise adentrarme en la ya extinguida sensación de lo prohibido.
Esto que estoy a punto de hacer tuvo un antes de ahora, sucedió mientras paseaba por Saint-Blaise, al pasar junto a un viejo edificio, ya derruído, cuando escuché una melodía cuya procedencia desconocía. No le dí mayor importancia, hasta que con el paso del tiempo observé que a cada ocasión que pasaba por el mismo lugar, aquella melodía volvía a sonar y para sorpresa mia, tras preguntar a otros viandantes, solo yo la escuchaba. Así que un día, aguardé a que anocheciera y tras cerciorarme de que el camino estaba despejado salí de la penumbra y me adentré en el viejo edificio. En aquel momento era un ser inexistente, desprovisto de cualquier dispositivo de los veinte que todo ciudadano estaba obligado a llevar como parte de la red, sentí una extraña sensación de libertad, aunque para ser sincero era mucho mayor la sensación de miedo, de desprotección. Pero una vez dado el paso, seguí el hilo que aquella melodía trazaba en la oscuridad. El interior, según el mapa que mis manos iban describiendo, debió constar de diferentes estanterías, ya vacías, y pasillos que se entrecruzaban con ellas, hasta que, a punto de desistir, hallé el origen de aquella melodía. No me lo podía creer, había oído hablar tantas cosas que su mera presencia ante mi redujo aquel momento a una lucha entre la destrucción y la curiosidad, y fue esta última la que me tentó de vulnerar todo lo aprendido y volver a conjugar el verbo creer.
Y quizás esté loco, aquí, sentado en pleno día, carente de cualquier artefacto de comunicación, sintiendo que la gente comenzaba a murmurar, pero descubrí que lo habían manipulado todo, que era cierto, sí, que una vez empezado atrapaban a uno y vivía en una constante ansia, yo lo llamo ilusión, por terminarlo, pero aquella captura no era ni mucho menos algo negativo, sino mágico, algo que ninguna tecnología había logrado emular, y claro, aquella impotencia generó tal crispación que originó su destrucción.
Pero aquella magia era mucho mas poderosa de lo que los de la era nueva podían imaginar, de hecho no podían porque carecían de imaginación. Ahora entendía lo que ella, la chica que conocí en un concierto, decía de un mundo, tan extraño como lejano me parecía, donde lo que tenía en ese momento entre mis manos, liberaba los sentimientos de sus silencios y volaban, como la música, a través de los escenarios que solo los sueños eran capaz de alcanzar.
Y quizás esté loco, pero saqué de entre mi ropas un libro, y lo abrí, volviendo a sentir el suave y hasta entonces desconocido para mi, tacto de sus hojas, por donde la noche antes había dejado de leerlo, y proseguí su lectura, mientras la sonata de Vinteuil era libre y conquistaba el cielo de Paris.

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11 comentarios:

Juan Luis Galán Olmedo dijo...

Bello, evocador. Falta de libertad incluso para imaginar el que describes.

Enhorabuena.

www.utopiadesueños.com.es

Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄ƷSechatƸ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ dijo...

Nunca he estado en París, pero tu peculiar visión me ha conquistado.

Besotes.

Noelplebeyo dijo...

todo es posible en París


hasta que llueva desde el suelo

Paula dijo...

Qué horror un mundo sin imaginación y sin sentimientos. Nos habríamos perdido todas tus historias :(
París, un libro, música y tú. Qué bello.

Jara dijo...

Cuando dejo de imaginar cosas que mis dedos pueden escribir porque mis musas desaparecen tengo esa estraña sensación de que mi libertad está entre rejas.

Charlie P. Raven dijo...

El título me recuerda a alguna canción de La Oreja de Van Gogh, y el relato es igual de genial que varias de sus letras. ¡Me ha gustado!

Esther dijo...

Bonito relato :) Manipulación... el libro es un gran refugio para evadirse a veces.

Feliz finde :)

Teresa dijo...

La melodía que recorre el libro se materializaba en mi mente de muy diversas formas. Me hizo ver la realidad de otra forma, como si esa realidad consistiese en líneas invisibles que enlazases diferentes elementos del arte. Demasiado etéreo, imposible y vago, quizá, como la princesa de Rubén Darío. Pero hermoso sin duda. Me asalta desde entonces una duda que temo clarificar: ¿tienen las palabras una base material que las salva de la locura? o ¿por qué el mundo que conocemos está tan lejos de parecerse a la sonata de Vinteuil o al cielo de París?

.. dijo...

¿De verdad has estado en París? Veo que la inspiración te acompaña mucho últimamente. Y consigues crear cosas tan bonitas, que me sorprenden realmente.
Perdí muchas cosas, correos, direcciones... :s pero siempre hay un lugar donde poder encontrarte y es este, tu blog.
La luna sonríe... Espero que tú también.

Carlos dijo...

Quise decir 26... :)

Anónimo dijo...

El primer 26 y la primera luna llena, pero faltas tú.

Sonreiré cuando pueda escribirte ....


(No faltas porque me alegras cada anónimo que ... me envías, pero no puedo escribirte :s)