16.1.12

Campo de exterminio

El día pasó deprisa, recién llegado al campo fue de un ajetreo tal que terminé rendido. Y pensé que no volvería a suceder pero estaba equivocado. Me hice el dormido cuando sentí el sonido de sus pasos sobre los escalones. Le gustaba asegurarse de que el quinquél estaba apagado, aunque creo que la razón de aquellas visitas a mi cuarto era otra, oculta en aquella que velaba por evitar incendios. Y no le faltaba razón, pero entonces era muy pequeño y ahora tenía 8 años. No, había algo mas.
Pero esa noche me había propuesto desvelar lo que sucedía y cuando oí como se alejaba me levanté, descendí de la buhardilla dispuesto a seguirle, pero algo inesperado interrumpió mi plan. De la cocina el aroma de la cebada recién hervida trazaba espirales con el del bizcocho de canela que escapaba por las rendijas del horno. La tentación era grande, incluso el sol parecía enviar sus primeros rayos atraídos por tal magia de sabores. Pero resistí como pude al desayuno y proseguí camino dejando atrás la cocina por el pasillo hasta el cobertizo y mi gozo en un pozo. No había tal misterio, sencillamente estaba quieto, mirando al horizonte en mitad del huerto. No me volvería a leer mas cuentos, aquello me pasaba por creer en mansiones con tesoros escondidos, en piratas que llegaban de noche, en grutas abiertas en enormes acantilados, nada de eso existía ni por supuesto había secreto alguno que descubrir. Cuando de repente algo tiraba de mi pijama, me giré y vi a un pequeño hinojo que con un sombrero a lo Al Capone parecía amenazarme escoltado por dos forzudas berenjenas. Un poco mas allá, saliendo de una lujosa calabaza vi asomarse sensualmente dos pantis que cubrían esbeltas zanahorias, distraído no me di cuenta de que un afilado espárrago rozaba mi cuello mientras recibí en el estómago un fuerte pepinazo, pero antes de poder gritar una cebolla me amordazó con sus capas, dos coles cerraron mis ojos y una enorme lechuga hizo de sombrero. La escena la veían unas remolachas que no paraban de reirse y unos rábanos que cantaban el himno del Atleti.
Entonces se hizo el silencio y pude escuchar la voz del espantapájaros que en sigilo se había acercado hasta mi.
- Puede que no creas ya en los cuentos, pero ellos en ti si, y te necesitamos. ¿Quieres ayudarnos? - Moví la cabeza asintiendo.
Respondí aun inmerso en aquel trance de no saber que estaba sucediendo - Una endibia dejo ver en su interior unas palabras que finalmente pude leer "Operación liberar a las acelgas"
Fue en ese momento cuando recordé que vi a mi abuelo cogerlas del huerto.

En el huerto el silencio era total, todos adivinaron el fracaso de la misión viendo el humor salir por la chimenea. El crematorio se había cobrado una nueva victima.
A poca distancia de allí, al otro lado de la ventana un niño lloraba viendo las acelgas yacentes sobre un plato, mientras su abuelo terminaba un cuento de piratas.
- No llores, era sólo una historia para que te comieras las acelgas.

13 comentarios:

Malena dijo...

Lo de los rábanos colchoneros, me ha hecho hincarme de rodillas. A sus pies, maestro.

atenea dijo...

jajaja vaya guerra tenían montada las verduras, ¿no? Coincido con Malena, lo de los rábanos es buenísimo jajaja Bueno, el relato entero es muy bueno, sólo a ti se te puede ocurrir una historia como esta :)

Muuua!!

Tropiezos y trapecios dijo...

Macho, te parecerá bonito, ahora por tu culpa no podré comer nunca más verdura...

¡La olla expréss es un maldito crematorio! Si esta noche veo que de la nevera proviene un cántico futbolístico echaré a correr...

Imaginación al poder Carlitos.

Mola convertir cualquier cosa en una historia :-)

Abrazos, camarada.

Oski.

El mundo de Yas (Andrés) dijo...

Ya veo por donde van los planes... me ha hecho mucha mucha gracia, verduras vivientes, jamás lo hubiese imaginado. Por lo tanto, felicidades.
Mundoyás

Jara dijo...

La que has liado!! Si señor, desde luego no dejarás nunca de sorprendernos.

Has conseguido que me eche unas risas y te lo agradezco que estoy convalenciente.


pd: me encantó la foto de las sonrisas y la tengo de fondo de pantalla.

Teresa dijo...

Qué pena que fuese sólo una historia. No estaría nada mal trazar una conversación con alguna zanahoria, pepino, tomate... Estoy un poco aburrida ya de lo común... Je. Tu "no llores", me ha hecho pensar en que es cierto, el niño, no tenía por qué llorar porque le hubiesen contado algo, sino, simplemente llorar, previamente a cualquier historia. Ya puestos a adentrarnos en la narración, yo que tu niño no me comería las acelgas, por conmiseración. Me ha gustado. Esta semana mi historia no es una buena historia, y, como me dice Jara, la frase final, no encaja. Desde el primer momento pensé en un niño llorando por la historia, con mi nada casual manía de creer que la literatura mueve montañas, pero sí, es cierto. Es difícil que un niño llore con un cuento, no tanto que ría. Me quedo con esta metarreflexión..., ¡no leas mi historia! Dejemos para la semana que viene intentar contar algo medianamente pasable. La tuya lo es mucho más que eso. Por cierto, el cuadro de inicio, ¿es un cuadro impresionista? Con sus verdes.. ¿? ¿Sólo una foto?
Un abrazo de ¿?

Jan (Niobiña) dijo...

Rábanos colchoneros? jjajajja. Tu relato es sensacional, me he reído muchísimo y creo que la gran culminación es: 'Operación liberar a las acelgas'. Se podría sacar un relato genial de ahí...

Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

Metalsaurio dijo...

Empiezas fuerte el 2012, eh? :D Tío, de lo mejor que te he leído. Muy bueno.

Enhorabuena y gracias por compartir con la humanity estas cosas! :)

Un saludo!

Sandra dijo...

Ya, ya, lo sé. Estoy más que perdida. Espero que se me perdone por ello.

Me ha encantado esta historia. Creo que las verduras no son mi fuerte por esto mismo, porque son unas luchadoras y sufridoras (¡¡viva el atleti!!). Si supiera dibujar, recrearía cada personaje que has creado porque los he visto perfectamente en mi mente.

Un beso.

Teresa dijo...

¿Desde dónde, qué lugar real o metafórico, escribes esas palabras tan decididamente profundas y hermosas?

¿A qué lugar habría que llegar para que la lluvia cesase y los abrazos se convirtieran siempre en despropósitos interminables?

Podemos empezar hablando con las flores.. Con las sombras de los árboles.. Los senderos escondidos de los bosques verdes y soledados..

un abrazo

Hell dijo...

Increíblemente fantástico.
Primero de todo: lo siento por llegar tan tarde, pero tenía algunos asuntos que terminar.
Pues lo que te decía... de verdad que algún día me gustaría pasearme por el interior de tu cabeza y ver esas imágenes que destilan tus dedos. Seguro que me quedaría a cuadros... :)
Un abrazo, amigo!!!
Y un culín, por qué no???
Nos leemos esta semana que viene!!!
Puxa!!!

Towanda dijo...

Genial, CArlos.
La olla como crematorio de verduras es muy bueno.
Tienes un "coco" rico en matices para todo tipo de géneros.
Bueno, te felicito por esta historia y por las que quedan por venir.
Buen humor y que no nos falte.

Besos, Carlos.

Teresa dijo...

Lo peor de que no publiques la continuación de la frase del cuentacuentos, no es sólo que me pierdo un relato tuyo, lo peor es que no tengo ninguna excusa para ese comentario sin puente que conecta con la nada y que irremediablemente llega a tu respuesta. A través de qué mágico recorrido astral y poético voy a buscarte ahora...