8.9.10

Calle de cristal

No era necesaria una bola de cristal para ver los espíritus en torno a él. Pero gustaba de la parafernalia pensando que así atraería mas público y con ello mas dinero, único fin que perseguía con todo aquel espectáculo.

Su puesto contrastaba con la integración en el entorno del establecimiento, que a pocos metros calle arriba ofrecía un contacto rápido y seguro con el más allá. De estética funcional acorde con el resto de inmuebles, sus clientes contaban con los últimos adelantos tecnológicos. Frente a ello poco podía hacer una mesita plegable, un desgastado paño, varias cartas cuyo misterio no es sino saber si la baraja está completa, y su preciada bola de cristal. Pero allí seguía como cada mañana, dándole ese toque final una vez montaba todo el tinglado, de espolvorear brillantina alrededor, polvo mágico le llamaba, y pulsar el play del viejo radiocassette que escondía bajo la mesa, comenzando a sonar una melodía que al poco tiempo quedaría apagada por el ruido del tráfico.
Solía recordar que por aquella calle el único tráfico que había era el de algún seilla, el carromato del chatarrero y la vespa del hijo del administrador que recogía de la droguería a su novia. Y el del séptimo de caballería que corrían tras los indios golpeándose los traseros simulando las monturas equinas. A base de plomo curaban todos los males y los dedos echaban humo de tanto disparo. Y allí estaba él regalando cañas de azúcar a cambio de esas monedas que le daban cuando aventuraba como iban a ser las notas.
Han pasado muchos años, y esta bola de cristal es lo único que queda testimonio de su existencia. La encontré en un mercadillo medieval, y fue poner mis manos sobre ella y aquella historia comenzó a pasar ante mis ojos. Era como una especie de Diario que iba leyendo durante las horas que pasaba inmóvil en mi trabajo. Hoy por fin he llegado a la calle en la que tuvo lugar, y justo a la misma distancia del establecimiento situé mi cajín de estatua viviente que sostiene una bola de cristal.
De repente escucho una melodía en torno a mi.
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Hola!! El trabajo apenas me ha dejado tiempo libre y el viernes marcho cinco días de viaje pero a la vuelta mas momentos para contar :) 

13 comentarios:

Maat dijo...

...cómo te gusta dejar ese halo de misterio en tus historias, Carlos :)

Yo también quiero una bola de cristal ^^

Un abrazo!

Noelplebeyo dijo...

esa bola seguro que te llevará a un destino de placer y relax...nos contarás

Metalsaurio dijo...

entonces...si la bola es el único testimonio que queda de él...es el mimo callejero quien, a través de la bola, se entera de la historia?

"high art" como decían en una historia que yo me sé :D

Eria.. dijo...

No es una buena bola, se ve el pasado en vez del futuro...

*Sechat* dijo...

Echaba de menos relatos tan maravillosamente descriptivos como éste. Pásalo bien, muchachillo. ¡Buen viaje!

Angelical dijo...

Y encima usando dos frases XDDD Me encantó.

Esther dijo...

¡Jo! Parece que no pares mucho ¡Qué suerte! Que te lo pases muy bien.

Respecto a tu relato, mágico... Me recuerda un poco a una tienda extraña que había en mi ciudad, que era de cosas de brujería y precisamente también vendían bolas de cristal, con instrucciones... Te confieso que fui un poco bruja xD Tranquilo, ahora soy exbruja. Tb me recuerda a que una vez fui a un puesto, donde uno leía el futuro. Me dijo que iba a encontrar novio la primavera del año que viene... como no me dijo gran cosa, yo y mi hermana volvimos... él estaba metido como en una especie de tienda de campana, con todo de tela, lógicamente, incluída la puerta. Cuando volví, había una chica dentro y oí como ella le preguntaba:

- Y ¿para cuándo voy a tener novio?

- Para la primavera siguiente- le dijo.

¡Ja,ja,ja! Le decía a tod@s lo mismo xD Luego, quizás pensó que le descubrimos, pero, de repente no nos quería atender... o quizás es que le asustamos con tantas preguntas y pensó:

- ¡Ostrás!

Cuando llegó nuestro turno, dijo:

- Fuera, que ya he terminado...

Creerán que soy loca, pero, hubo un tiempo en que también leía las cartas... se me cumplió por lo menos una cosa pero, un día, decían cosas feas que nos iban a pasar, se lo conté a mi madre y ella las tiró.

Un saludito.

Sara dijo...

No me gustan mucho las bolas de cristal... ¿quién quiere conocer su futuro? Precisamente lo bueno que tiene es eso, que es impredecible ;)

¡Buen viaje!

Sara dijo...

A mí tampoco me gusta conocer el futuro, así que me gusta más tu bola, sirve para recordar el pasado.

Besotes y que disfrutes de tu viaje.

Tropiezos y trapecios dijo...

Carlitos, ten cuidadín con lo que encuentras en los mercadillos.

Imagina que esa bola te hubiera llevado a la habitación de un hotel o a dios sabe que antro de perdición.

No, no y no, tienes que dejar de visitar mercadillos y de escribir historias cojonudas después. Nos dejas en rídiculo a todos.

Un abrazo.

Oski.

Paula dijo...

Qué magnífica historia, me ha encantado. Una bola en la que leer el futuro que cuenta su historia pasada. Seguro que dentro de un tiempo contará la historia de una estatua viviente a su próximo dueño.
Bien escrita, muy descriptiva y una historia muy entretenida. Perfecta :)

Bienvenido ya :)

Paula dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Virginia Vadillo dijo...

Cuanta magia :)
Me gusta que conserves la bola para ver el futuro aunque no sea necesaria...esas cosas son siempre las más importantes :)