3.11.08

historia interminable


- No quería repetir, pero un hilo de sangre ya le caía por la comisura…
- de los labios
– Me dijo – Discúlpeme, le oí leer en voz alta y… no le importa que me siente, verdad? – Sentándose aquel desconocido junto a mi en el banco.
- Es que me gusta leer en voz alta, aunque no tan alta – Le respondí no poco asombrado de que leyera tan alto e intentando disimular mi desagrado ante la interrupción.
- ¿Y qué libro está leyendo? – Inquirió.
- Terror en la noche.
- Ah creo que lo conozco, o vi la película. No me haga mucho caso. De hecho hace tiempo que no salgo ni voy al cine. Mi jornada de trabajo y terminó paseando junto al mar y sentándome en este banco. La vida no tiene ya mucho sentido.
- Hombre no diga eso –
Respondí mientras quise hacerle ver que aquella conversación llegaba a su fin cerrando el libro.
- ¿Y de que trata el libro? – Continuó pareciendo no captar en mi expresión una creciente molestia ante su presencia. Pero decírselo claramente podría ser lo que andara buscando y ser un provocón de barrio. E igual si me levantara sin más podría seguirme y atracarme a la menor oportunidad. Pero eso sería huir y no pensaba abandonar aquel banco.
- Pues trata de una leyenda de esta ciudad. Uno que se enamora y quiere conquistar a su amada. Un viejo hechicero le deja un libro donde viene el conjuro para cumplir tal deseo. Pero con una condición. La cual no sé porque me interrumpió su lectura – Le dije con énfasis expresando en un gesto mi irritación.
Pero pareció no darse cuenta del gesto porque a continuación…
- Eso me recuerda tiempo atrás cuando amé a una mujer. Ojalá fuera poeta para contarle como fueron aquellos días y sobre todo las noches con ella. Pero todo aquello llegó a su fin y ahora la vida ya no tiene sentido.
- Pero hombre, hay más mujeres –
Le dije mostrando mi lado humano
- Ya, pero ella era única. Y como le digo solo me queda venir a este banco y observar las olas como días que pasan.
- Bueno –
Le respondí levantándome ya harto de aquel tipo tan pesado – mire el protagonista del libro como no pierde la esperanza. No desespere.
- ¿Y por qué no me deja el libro? Igual recupero la esperanza leyéndolo. De veras, préstemelo y mañana a esta misma hora acuda a este banco y se lo devolveré.
Y ya sin argumentos ni fuerzas ni rabia contenida ante tal esperpéntica situación le dejé el libro y me alejé de allí deseando no volver a encontrarme más con él.

Pero regresé. No al día siguiente sino al cabo de unos años.
- … de sus labios – Le dije - Le oía leer en voz alta y… no le importa que me siente, verdad ?
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7 comentarios:

Dibújame una sonrisa... dijo...

Genial...este me ha encantado...las historias cíclicas..las que van un poco como una espiral..eso me encanta!
Qué bonito!
Me quedo con el "no desesperar"..mantener la esperanza..quizás eso cambie las cosas...
Besines!

Sureña dijo...

Y así durante toda la eternidad....

Me ha gustado mucho :)

Un bacio ¿?

*Sechat* dijo...

Atrapados en un bucle, maravillosa historia y como siempre me vuelvo a sorprender con tu capacidad para enganchar de principio a fin, incluso con historias sencillas. ¡Me ha encantado!

Atikesia dijo...

esta historia me recuerda al Paseo del Parque; me gusta ver cómo la gente se sienta a leer allí, y además de vez en cuando hay algún Señor mayor que interrumpe!!
Un beso!

María José dijo...

Bonita historia pero triste...... ¿por qué volvió después de tantos años? somos muchos los que leemos sentados en un banco frente al mar.
Un beso.

Metalsaurio dijo...

- Por favor, siéntese; le estaba esperando -dijo el desconocido con una alegre sonrisa pintada en el rostro. Y levantándose, me entregó el libro.

Sus páginas, pude comprobar, seguían igual de blancas.

Sara dijo...

Me recuerda a la famosa frase de Fray Luis de León "Cómo decíamos ayer"

http://www.alfonsojimenez.com/2006/12/11-como-deciamos-ayer

Esa es la historia, por si tienes curiosidad ;)