16.11.08

Día otoñal

Imaginar es necesario para escribir, para poder llegar a los mundos más recónditos, a donde solo se puede acceder volando con la imaginación.
Desde la ventana observaba como las hojas volvían a cubrir, un día más, al otoño que, con la ayuda del viento, pretendían escabullirse del lugar haciéndose invisibles.
Se acercaba la hora de la reunión. Una vez los miembros de la expedición consiguieron, eludiendo los controles, llegar a la habitación, la operación se puso en marcha.
Quienes la formaban eran supervivientes de quienes creían en el poder de las palabras, recluidos tras la victoria de los acérrimos seguidores de la nada.
Una vez hechas las presentaciones pasaron al desarrollo del plan. Tendido sobre el suelo, extendió los brazos y fijó la mirada en una hoja que se había posado unos cms mas adelante. Así hemos de hacerlo, como ellas. Nos guiarán hacia la libertad. Les decía mientras todos asentían, y desearon suerte cuando, poco antes de finalizar la reunión, señalaron el momento de llevar a cabo el plan.
A la mañana siguiente, los vigilantes del manicomio no daban crédito a lo que sucedía. Desde las ventanas del edificio vieron saltar a sus inquilinos que con los brazos extendidos intentando volar.

Que lo hayan conseguido o no queda en manos de la imaginación

9 comentarios:

Io dijo...

¡Pues me ha encantado!

Imaginaba un desenlace más peliculero, y cuando he visualizado a los locos estudiando "concienzudamente" su plan, me has sacado la sonrisa, ja,ja.

Que nunca nos falten los locos, yo lo soy), que nunca nos falten esas mentes que se apartan del camino y buscan vida donde otros sólo ven absurdo.

Un beso y un abrazo.

Nébula dijo...

Me encantó sobremanera, me recordó a un poema de Roberto Fernández Retamar:

FELICES LOS NORMALES

Felices los normales, esos seres extraños.
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.


por cierto, la foto es tuya verdad? :)

Noelplebeyo dijo...

Probablemente lo conseguirían, aunque a la vista de los cuerdos terminarían recluidos de nuevo, tras pasar por el hospital

Sureña dijo...

La mía me dice que sí... ;)

Besicos

Alicia. dijo...

Me ha encantado el relato.
No me esperaba ese final.
un beso!

Eria.. dijo...

Icarooooooooooo, Icarooooooooooo ¿a dónde vas?
besitos varios.

Cendra dijo...

Me da que soy de lo más pesimista, pero yo imagino sus cuerpos aplastados contra el cemento del patio en el que antes salían a encontrarse con los pocos familiares que los iban a visitar. No cabe ahora mismo otro final en mi mente, porque no he encontrado un lugar para soltar y dejar correr mi imaginación en tu relato, por lo realista, porque me ha traido a la mente una imagen tan clara que me ocurre como en aquellos libros cuyas palabras te hacen volar tan alto que no hay película que valga nada comparada con ellass. Realismo. Y mi idea de la realidad me dice que pocos de los que luchan por la libertad salen vivos. Lo bueno es que probablemente consigan que los que vengan después estén un poco más cerca...


Un abrazo!

María José dijo...

Siempre hay que intentar volar, intentar elevar los brazos al cielo y dejarsea arrastrar por los vientos que corran, tanto aires de otoño como brisas veraniegas, pero lo malo es que nunca sabemos dondo nos van a llevar, tal vez donde no deseemos, por eso creo que lo bonito está en intentarlo.... es como la famosa frase que dice: lo bonito del viaje no es el destino, sino el viaje en sí.

Dibújame una sonrisa... dijo...

Se quedaban boquiabiertos..lo que veían salir de las ventanas eran hojas...que iban volando con el aire hacia donde nadie las podía coger..sólo los niños..
Sonrisas!