27.2.12

Libertad se escribe con h




"Queríamos ser libres, pero eso era imposible" pensó. El mundo parecía tan pequeño, pero apenas cruzó bajo el dintel del portál y ya aquella calle se hacía interminable. La realidad iba replegándose y haciéndose inaccesible mientras los vehículos siguen su inercia, un cúmulo de leyes físicas atrapadas en una cárcel de latón, y una inmensa pancarta avanza tras ellos tratando de volar mas alto que el muro de represión. Entonces él cierra bruscamente la puerta, no se resigna a la imposibilidad de lo imposible, y sube los escalones que le separan de ella rápidamente hasta volver a tenerla ante sí. Abierto como estaba a todo lo que tenía alrededor se había cerrado a sí mismo y con ello la libertad. Se acercó al piano y cinceló el romanticismo. Ella lo observa desde la cama, ella es tiempo real, como si respondiera "es 27 de febrero de 1906", después de eso nada, nadie, huellas inacabadas, un rastro de intimidad compartida que adhiere cada palabra a su piel. Ella recuerda y se estremece al contacto de la brisa que penetra suave por el balcón, y recuerda atrás, muy atrás, paisajes abiertos, que expanden la posible concepción de la relación, la empatía, la sensualidad y el amor.
Hace tiempo que la música cesó, él ya estaba sobre la cama, tan cerca de ella que las yemas de sus dedos sentían ya su piel. Tan cerca, y tan lejos. Ambos querían ser libres y ambos tenían, habían tenido siempre delante el camino para serlo.
"Queríamos ser libres y tú contenías la libertad" le dijo a la hoja de papel, a la que, de varias que yacían sobre el lecho de aquella pequeña buhardilla, había elegido para comenzar a escribir, y siguió escribiendo hasta volar por encima de cualquier muro.
Absorto en su labor le pasó desapercibido la hoja que la brisa llevó junto a las otras hojas, y el diálogo que tuvo lugar entre ellas. "Queríamos ser libres, pero me enamoré de las palabras"

8 comentarios:

Noelplebeyo dijo...

es un amor que está escrito

no se puede romper

Jara dijo...

Me quedo con esa frase final.

:)

María Sur dijo...

A veces las palabras nos hacen ser esclavos, otras nos dan la libertad. Sobre ellas dibujamos nuestros deseos y otras nos obligan al compromiso con una simple rúbrica. Pero la verdad, la única verdad es que si el mundo careciera de ellas, muchas emociones y sentimientos caerían al vacío. Preciosa historia, como siempre.

Teresa dijo...

Las palabras..., no hay "pero" posible con ellas, te enamoras y ya está. Y es un amor imposible, siempre, a la vez que único, verdadero y terriblemente bello.

Paula dijo...

Jajaja Está genial!!
Juntos podrán ser libres, evadirse de la realidad, crear otra, intentar mejorarla, sentir, visitar miles de lugares. Siempre estarán juntos :)

El mundo de Yas (Andrés) dijo...

Yo creo que las palabras, solo son palabras... Te puedes enamorar de ellas, pero son solo palabras. Aparece la realidad (la de cada cual) y zas...
El amor a las palabras se convierte en palabras mudas. No es algo apocalíptico, es simplemente algo sincero. Mejor enamorarse de lo que nos enseñan las mismas. Gran relato.

Sara dijo...

Genial broche final para tu relato, amigo. Las palabras pueden llegar sigilosas a embaucarte, incluso acariciarte, y cuando menos te lo esperas pueden llegar a esclavizarte. ¡Me encantó!

Qué envidia me dais, mañana mismo me pongo a escribir el de la semana que viene >.<

Un saludo :)

Nahuel dijo...

bello...

saludos, Nhauel.