19.4.10

La bala perdida

La chica del paraguas rojo permanecía junto al muro contemplando las olas romper contra el malecón.
Parecía abstraída, miraba sí el horizonte pero desde lejos daba la impresión de estar ausente, como en otro lugar o tiempo.
Cree haberla visto en alguna parte, pero era incapaz de recordar donde vio una figura igual. Hacía esfuerzos por justificar tal olvido, pero algo había mas fuerte que le impulsaba a querer recordarlo.
La esperanza de que se podía comenzar de nuevo fue lo que le llevó hasta aquel remoto pueblo. Desde el balcón, un primer piso de una casa que a duras penas conservaba vestigios de un pasado glorioso, gustaba cada mañana de asomarse y ver la puesta en marcha de la pequeña villa marinera. Daba la sensación de que lo hubiera estado haciendo muchas veces, aunque solo han pasado tres días de su llegada. Y hace dos, es decir desde ayer, observó la presencia de aquella chica del paraguas rojo.
Si de algo la recordaba, pensaba, no tendría que serle difícil establecer comunicación. Se dirigió calle abajo en dirección al puerto, previo paso por la taberna, en donde además de coger calor con un buen brandy quiso también informarse acerca de la misteriosa chica.
Poco pudieron decirle, mas bien nadie sabía nada salvo un detalle que el tabernero quiso mostrarle. Sobre la pared, perdido entre mas cuadros había uno que destacaba sobre el sepia añejo de los demás por un pequeño punto rojo, el cual al acercarse mas a verlo pudo comprobar que se trataba de un paraguas rojo aunque no se podía distinguir a quien lo llevaba. Preguntando por su procedencia supo que sobre aquella pared se exponían, desde el final de la guerra, fotos de habitantes del pueblo que daban por desaparecidos por si alguien supiera algo.
La curiosidad iba en aumento, y salió en dirección hacia ella.
Cuando finalmente llegó junto a la chica del paraguas rojo, la saludó cortésmente.
- Buenos días madame, despertó mi curiosidad al verla por segundo día desde el balcón. Me gust...-
Ella lo interrumpió - Le gustaba contemplar el campo y ver los prisioneros deambular por el. ¿Verdad? von Heichmann -
- ¿Cómo dice? - Respondió él con la voz muy diferente a la que inició aquella conversación y un rostro desencajado - Ese paraguas roj... -
No le dio tiempo a terminar la frase al sentir aquel paraguas rojo clavarse en su corazón.
- Este paraguas rojo es lo único que pude conservar de mi madre, y en su punta guardé la bala con que la mataste para devolvértela -

18 comentarios:

Paula dijo...

Guau! Me encanta :)
Original, distinta, bien escrita, buena historia y gran final.
Escribes muy bien Carlos.
:)

Noelplebeyo dijo...

una bala dolorosa

Un escrito espectacular, como siempre...tan cuidado y con inteligencia

Un saludo, amigo

Jara dijo...

Joder!! no me esperaba yo ese final! me ha impresionado si!

Diego Escudero dijo...

Me gusta el giro que dan los acontecimientos. La historia empieza de forma suave y acaba con mucha contundencia.

Muy bueno

Un salduo

Esther dijo...

Genial e impactante final. Yo tampoco me lo esperaba.

La venganza... hay veces en que tanto dolor, etc. se siente, que eso es un río que en cualquier momento se puede desbordar.

Tétrico, aunque maravilloso cuento :)

Un saludito, Carlitos.

Virginia Vadillo dijo...

Guau, menudo giro al final!! No me lo esperaba para nada!!
Muy diferente al resto de los de esta semana, lo meto entre mis favoritos :)

*Sechat* dijo...

Directo, inesperado y muy contundente... un final glorioso. Un besazo.

P.D: me alegra ver que vuelves a escribir.

*Sechat* dijo...

Directo, inesperado y muy contundente... un final glorioso. Un besazo.

P.D: me alegra ver que vuelves a escribir.

Reithor dijo...

Ya quisiera yo no tener que haberla escrito, pero bueno, así es la vida.

Cuidate campeón, y gracias por pasarte, un abrazo

Niobiña dijo...

Increíble! A veces las heridas no cierran nunca y nos envuelven en una espiral de odio, rencor y deseos de venganza... Y a veces la venganza misma es la única que puede hacernos libres otra vez...

Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

AdR dijo...

¡Qué final! Es totalmente impredecible. Jamás me hubiera imaginado que ocurriría eso, y más aún después de leer el título. Me dije: A este hombre se le ha ido la cabeza titulando así al relato :D

Una bala en la punta de un paraguas. Sublime, oiga.

Abrazos.

Metalsaurio dijo...

Final bastante extraño para lo que nos tienes acostumbrados (y en absoluto peor) :)

Sara dijo...

Impactante, Carlos. Me ha gustado muchísimo. Muy descriptivo, como sueles hacer... pero, además, con un final sorprendente.

;)

Camaleona dijo...

Bravísimo!!

Guernica dijo...

Carlos! Mi sa che faccio prima ad imparare lo spagnolo!!!:)
Dunque...ho capito che si parla di una pallottola vagante e di una donna misteriosa con ombrello rosso...Che poi muore alla fine?
Scusami :(

ÓNIX dijo...

¿Ves lo que siempre digo? Me fascina leerte...

Tienes ese toque mágico que plasmas con tanta facilidad en unos cuentos asombrosos y llenos de tanto atractivo...

Siempre que te leo me voy con mayor satisfacción y no dejas de sorprenderme con historias nuevas, diferentes y frescas, que me atrapan...

Un beso especial con un fuerte abrazo calido desde mi bella Venezuela...

Anónimo dijo...

Sabes lo peor? que seguramente no sólo será ficción.
Me gusta mucho

Bita

Virginia dijo...

Hola, Carlos, ¿cómo va todo? Veo que sigues contando historias, genial, son magníficas, como siempre :) Yo también sigo contando historias, aunque ahora trato de publicarlas, me he puesto un reto, si sale bien, si no, a seguir escribiendo igualmente :) Y mientras, escribiendo también este blog de moda, mi otra pasión.
Me alegra leerte! Estamos en contacto! Un abrazo!